01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

Vista previa de texto
Viernes, 11 de septiembre, 1964
Insistí nuevamente en que don Juan interpretara mis experiencias visionarias, Dio largas un
rato. Luego habló como si ya hubiéramos estado conversando sobre Mescalito.
-¿Ves cómo es idiota preguntar si es como una persona con quien se puede hablar? -dijo don
Juan-. No es como nada que hayas visto nunca. Es como un hombre, pero al mismo tiempo no
tiene nada que ver con uno. Es difícil explicarle eso a la gente que no sabe rada de él y
quiere saberlo todo de golpe. Y además, sus lecciones son tan misteriosas como él mismo.
Ninguno, que yo sepa, puede predecir sus actos. Le haces una pregunta y él te enseña el camino,
pero no te habla de él de la misma manera en que tú y yo hablamos. ¿Entiendes ahora lo que
hace?
-No creo tener problemas para entender eso. Lo que no puedo figurarme es qué me quiso
decir.
-Le preguntaste qué anda mal en ti, y él te dio el panorama completo: ¡No puede haber error!
No puedes salir con que no entiendes. No fue plática-y sin embargo lo fue. Luego le hiciste otra
pregunta, y te contestó exactamente del mismo modo. En cuanto a lo que quiso decir, no estoy
seguro de entenderlo, porque tú decidiste no decirme cuál fue tu pregunta.
Repetí con mucho cuidado las preguntas que recordaba haber hecho, en el mismo orden:
"¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Estoy en el buen camino? ¿Qué debería hacer con mi vida?"
Don Juan dijo que las preguntas que yo había hecho eran sólo palabras; resultaba preferible no
pronunciarlas, sino hacerlas desde adentro. Dijo que el protec tor quiso darme una lección, y
para probar que quería darme una lección y no asustarme ni ahuyentarme, dos veces se mostró
como una luz.
Aún no podía yo comprender, dije, por qué Mescalito me aterrorizó si me había aceptado.
Recordé a don Juan que, de acuerdo a sus postulados, ser aceptado por Mescalito implicaba que
la forma del protector era constante y no pasaba de la beatitud a la pesadilla. Don Juan volvió a
reírse de mí y dijo que, si pensaba en la pregunta que había tenido en mi corazón al hablar con
Mescalito, yo mismo entendería la lección.
Pensar en la pregunta que había tenido en mi "corazón" era un problema difícil. Dije a don
Juan haber tenido muchas cosas en mente. Cuando pregunté si estaba en el buen camino, quise
decir: ¿Tengo un pie en un mundo y otro en otro? ¿Qué mundo es el bueno? ¿Qué curso debe
seguir mi vida?
Don Juan escuchó mis explicaciones y concluyó que yo no tenía una visión clara del mundo, y
que el protector me había dado una lección hermosamente clara.
-Piensas que hay dos mundos para ti -dijo-: dos caminos. Pero nada más hay uno. El protector
te enseñó esto con claridad increíble. El único mundo a tu disposición es el mundo de los
hombres, y de ese mundo no te puedes salir. ¡Eres un hombre! El protector te enseñó el mundo
de la felicidad, donde no hay diferencias porque no hay nadie que pregunte por las diferencias.
Pero ése no es el mundo de los hombres. El protector te sacó de él y te enseñó cómo piensa y
lucha un hombre. ¡ Ese es el mundo del hombre! Y ser hombre es estar condenado a ese mundo.
Eres vanidoso, crees que vives en dos mundos, pero eso es pura vanidad. Hay un solo mundo
para nosotros. Somos hombres, y debemos estar conformes con el mundo de los hombres.
"Creo que ésa fue la lección."
78
