01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


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-Ahora sí. Más tarde no. La próxima vez que tomes la yerba del diablo la tomarás solo,
alrededor de tus propias plantas, porque allí es donde aterrizarás: alrededor de tus plantas.
Recuérdalo. Por eso vine aquí a mis plantas a buscarte.
No dijo más y me quedé dormido. Al despertar por la noche, me sentía revigorizado. Por
alguna razón exudaba una especie de contento físico. Estaba feliz, satis fecho. Don Juan me
preguntó:
-¿Te gustó la noche? ¿O te asustó?
Le dije que la noche había sido en verdad magnífica.
-¿Y tu dolor de cabeza? ¿Era muy fuerte? -preguntó.
-Tan fuerte como todas las otras sensaciones. Fue el peor dolor que he sentido -dije.
-¿Te impediría eso querer probar otra vez el poder de la yerba del diablo.
-No sé. No quiero ahora, pero más tarde quizá. De veras no sé, don Juan.
Había una pregunta que yo deseaba hacerle, Supe que él la evadiría, de modo que había
esperado que él mismo tocara el tema; esperé todo el día. Por fin, aquella noche antes de irme,
tuve que preguntarle:
-¿De verdad volé, don Juan?
-Eso me dijiste. ¿No?
-Ya lo sé, don Juan. Quiero decir, ¿voló mi cuerpo? ¿Me elevé como un pájaro?
-Siempre me preguntas cosas que no puedo responder. Tú volaste. Para eso es la segunda parte
de la yerba del diablo. Conforme vayas tomando más, aprenderás a volar a la perfección. No es
asunto sencillo. Un hombre vuela con ayuda de la segunda parte de la yerba del diablo. Nada
más eso puedo decirte. Lo que tú quieres saber no tiene sentido. Los pájaros vuelan como
pájaros y el enyerbado vuela así.
-¿Así como los pájaros?
-No, así como los enyerbados.
-Entonces no volé de verdad, don Juan. Volé sólo en mi imaginación, en mi mente. ¿Dónde
estaba mi cuerpo?
-En las matas -repuso cortante, pero inmediatamente echó a reír de nuevo-, El problema
contigo es que nada más entiendes las cosas de un modo. No piensas que un hombre vuele, y sin
embargo un brujo puede recorrer mil kilómetros en un segundo para ver qué está pasando.
Puede descargar un golpe sobre sus enemigos a grandes distancias. Conque ¿vuela o no vuela?
-Mire, don Juan, usted y yo tenemos orientaciones diferentes. Pongamos por caso que uno de
mis compañeros estudiantes hubiera estado aquí conmigo cuando tomé la yerba del diablo.
¿Habría podido verme volar?
-Ahí vas de vuelta con tus preguntas de qué pasaría si. . . Es inútil hablar así. Si tu amigo, o
cualquier otro, toma la segunda parte de la yerba, no le queda otra cosa sino volar. Ahora, si
nada más te está viendo, puede que te vea volar, o puede que no. Depende del hombre,
-Pero lo que quiero decir, don Juan, es que si usted y yo miramos un pájaro y lo vemos volar,
estamos de acuerdo en que vuela. Pero si dos de mis amigos me hubie ran visto volar como
anoche, ¿habrían estado de acuerdo en que yo volaba?
-Bueno, a lo mejor. Tú estás de acuerdo en que los pájaros vuelan porque los has visto volar.
Volar es cosa común para los pájaros. Pero no estarás de acuerdo en otras cosas que hacen los
pájaros, porque nunca los has visto hacerlas. Si tus amigos supieran de hombres que vuelan con
la yerba del diablo, entonces estarían de acuerdo.
-Vamos a ponerlo de otro modo, don Juan. Lo que quise decir es que, si me hubiera amarrado
a una roca con una cadenota pesada, habría volado de todos modos, porque mi cuerpo no tuvo
nada que ver con el vuelo.
Don Juan me miró incrédulo.

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