01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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El lunes 1° de julio corté las daturas que don Juan había pedido. Esperé a que estuviera
bastante oscuro antes de bailar alrededor de las plantas, pues no quería que nadie me viera. Me
sentía lleno de aprensión. Estaba seguro de que alguien iba a presenciar mis extrañas acciones.
Previamente había yo elegido dos plantas que me parecieron macho y hembra. Tenía que cortar
cuarenta centímetros de la raíz de cada una, y no fue tarea fácil cavar a esa profundidad con un
palo. Requirió horas. Tuve que terminar el trabajo en la oscuridad completa, y ya listo para
cortarlas debí usar una lámpara de mano. Mi aprensión original de que alguien fuera a verme
resultó mínima en comparación con el miedo de que alguien notara la luz en los matorrales,
Llevé las plantas a casa de don Juan el martes 2 de julio. El abrió los bultos y examinó los
trozos. Dijo que aún tenía que darme semillas de sus plantas. Empujó un mortero frente a mí.
Tomó un frasco de vidrio y vació su contenido -semillas secas aglomeradas- en el mortero.
Le pregunté qué eran, y repuso que semillas comidas de gorgojo. Había entre ellas bastantes
bichos: pequeños gorgojos negros. Dijo que eran bichos especiales, que debíamos sacarlos y
ponerlos en un frasco aparte. Me entregó otro frasco, lleno hasta la tercera parte del mismo tipo
de gorgojos. Un trozo de papel metido en el frasco les impedía escapar.
-La próxima vez tendrás que usar los bichos de tus propias plantas -dijo don Juan-. Lo que
haces es cortar las vainas que tengan agujeritos: están llenas de gor gojos. Abres la vaina y
raspas todo y lo echas en un frasco. Junta un puñado de gorgojos y guárdalos aparte. Trátalos
mal. No les tengas miramientos ni consideraciones. Mide un puño de las semillas apelmazadas
comidas de gorgojo y un puño del polvo de los bichos, y entierra lo demás en cua lquier sitio en
esa dirección [señaló el sureste] de tu planta. Luego juntas semillas buenas, secas, y las guardas
por separado. Junta todas las que quieras. Siempre puedes usarlas. Es buena idea sacar allí las
semillas de las vainas, para poder enterrar todo de una vez.
Luego, don Juan me dijo que moliera primero las semillas apelmazadas, después los huevos de
gorgojo, después los bichos y finalmente las semillas buenas y secas.
Cuando todo estuvo bien pulverizado, don Juan tomó los pedazos de datura que yo había
cortado y amontonado. Separó la raíz macho y la envolvió con delicadeza en un trozo de tela.
Me entregó lo demás y me dijo que lo cortara en pedacitos, lo moliera bien y pusiera en una olla
hasta la última gota del jugo. Dijo que yo debía macerar las partes en el mismo orden en que las
había amontonado.
Después de que terminé, me hizo medir una taza de agua hirviendo y agitarla con todo en la
olla, y luego añadir otras dos tazas. Me entregó una barra de hueso de acabado pulido. Agité
con ella la papilla y puse la olla en el fuego. Don Juan dijo entonces que debíamos preparar la
raíz, usando para ello el mortero grande porque la raíz macho no podía cortarse para nada.
Fuimos atrás de la casa. Don Juan tenía listo el mortero, y procedía macha car la raíz como había
hecho antes. La dejamos remojando, al sereno, y entramos en la casa.
Me indicó vigilar la mezcla en la olla. Debía dejarse hervir hasta que tuviera cuerpo: hasta que
fuese difícil de agitar. Luego se acostó en su petate y se durmió. La papilla llevaba al menos una
hora hirviendo cuando noté que cada vez era más difícil agitarla. Juzgué que debía estar lista y
la quité del fuego. La puse en la red bajo las tejas y me dormí.
Desperté al levantarse don Juan. El sol brillaba en un cielo despeja do. Era un día cálido y
seco. Don Juan comentó de nuevo su certeza de que yo le caía bien a la yerba del diablo.
Procedimos a tratar la raíz, y al finalizar el día tenía mos una buena cantidad de sustancia
amarillenta en el fondo del cuenco. Don Juan escurrió el agua de encima. Pensé que ése era el
fin del proceso, pero él volvió a llenar el recipiente con agua hirviendo.
Bajó la olla de la papilla. Esta parecía casi seca. Llevó la olla dentro de la casa, la colocó
cuidadosamente en el piso y se sentó. Lue go empezó a hablar.
-Mi benefactor me dijo que se permitía mezclar la planta con manteca. Y eso es lo que vas a
hacer. Mi benefactor me la mezcló a mi con manteca, pero, como. ya te he dicho, yo nunca le
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