01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


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Martes, 3 de julio, 1962
-Creo que Mescalito casi te ha aceptado -dijo don Juan.
-¿Por qué dice usted que casi me ha aceptado, don Juan?
-No te mató, ni siquiera te hizo daño. Te dio un buen susto, pero no uno malo de verdad. Si no
te hubiera aceptado para nada, se te habría aparecido monstruoso y lleno de ira. Algunas gentes
han aprendido lo que significa el horror al encontrárselo y no ser aceptadas.
-Si es tan terrible, ¿por qué no me lo dijo usted antes de llevarme al campo?
-No tienes valor suficiente para buscarlo a propósito. Pensé que era mejor que no supieses.
-¡Pero pude haber muerto, don Juan!
-sí, pudiste. Pero yo estaba seguro de que te iba a ir bien. Una vez jugó contigo. No te hizo
daño. Pensé que también esta vez tendría compasión de ti.
Le pregunté si realmente pensaba que Mescalito me había tenido compasión. La experiencia
había sido aterradora; yo sentía casi haber muerto de susto.
Dijo que Mescalito fue de lo más bondadoso conmigo; me enseñó una escena que era una
respuesta a una pregunta. Don Juan dijo que Mescalito me había dado una lección. Le pregunté
cuál era la lección y qué significaba. Dijo que sería imposible responder a esa pregunta porque
yo había tenido demasiado miedo para saber exacta mente qué le preguntaba a Mescalito.
Don Juan sondeó mi memoria con respecto a lo que había dicho a Mescalito antes de que él
me enseñara la escena en su mano. Pero yo no podía acordarme. Todo cuanto recordaba era
haber caído de rodillas a "confesarle mis pecados".
Don Juan no pareció tener interés en hablar más de eso. Le pregunté:
-¿Puede enseñarme la letra de las canciones que usted cantaba?
-No, no puedo. Esas palabras son mías, las palabras que el protector mismo me enseñó. Las
canciones son mis canciones. No puedo decirte cuáles son.
-¿Por qué no puede decirme, don Juan?
-Porque esas canciones son un lazo entre el protector y yo. Estoy seguro de que algún día él te
enseñará tus propias canciones. Espera hasta entonces, y nunca jamás copies ni preguntes las
canciones que pertenecen a otra gente.
-¿Cuál era el nombre que usted pronunció? ¿Puede decirme eso, don Juan?
-No. Su nombre nunca puede pronunciarse más que para llamarlo.
-¿Y si yo quiero llamarlo?
-Si algún día te acepta, te dirá su nombre. Ese nombre será para qué tú solo lo uses, ya sea
para llamarlo en voz alta o para decírtelo en silencio a ti mismo. A. lo mejor te dirá que su
nombre es José. Quién sabe.
-¿Por qué es malo usar su nombre para hablar de él?
-Ya viste sus ojos, ¿no? Con el protector no se juega. ¡Por eso no puedo explicarme el hecho
de que escogiera jugar contigo!
-¿Cómo puede ser él un protector si también hace mal a la gente?
-La respuesta es muy sencilla. Mescalito es un protec tor porque está a la disposición de
cualquiera que lo busque.
-Pero, ¿no es cierto que todo en el mundo está a la disposición de cualquiera que lo busque?
-No, eso no es cierto. Los poderes aliados sólo están a disposición de los brujos, pero
cualquiera puede disponer de Mescalito.
-Pero entonces ¿por qué daña a cierta gente?
-No a todos les gusta Mescalito, pero todos lo buscan con la idea de sacar provecho sin
trabajar. Naturalmente, su encuentro con él siempre es horrendo.
-¿Qué ocurre cuando acepta por entero a alguien?

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