01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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Reintegró la mezcla a la bolsa, cerró la bolsa, la ató con una tirilla de cuero y la puso
nuevamente bajo su camisa.
-¿Qué clase de mezcla es?
-Lleva muchas cosas. Conseguir todos los ingredientes es empresa muy difícil. Hay que viajar
lejos. Los honguitos que se necesitan para preparar la mezcla crecen sólo en ciertas épocas del
año, y sólo en ciertos sitios.
-¿Tiene usted una mezcla diferente para cada tipo de ayuda que necesita?
-¡No! Sólo hay un humito, y no hay otro como él.
Señaló la bolsa colgada contra su pecho y alzó la pipa que descansaba entre sus piernas.
-¡Estas dos son una! Una no puede ir sin la otra. Esta pipa y el secreto de esta mezcla
pertenecían a mi benefactor. A él se los entregaron en la misma forma en que mi bene factor me
los dio a mi. Aunque la mezcla es difícil de preparar, uno puede volver a abastecerse. El secreto
está en los ingredientes, y en la manera como se tratan y se mezclan. En cambio, la pipa es para
toda la vida. Debe tratársela con cuidado infinito. Es resistente y fuerte, pero nunca hay que
golpearla ni hacerla rodar de aquí para allá. Hay que manejarla con las manos secas, nunca
cuando las manos están sudadas, y nada más debe usarse cuando se esté a solas. Y nadie,
absolutamente nadie debe verla nunca, a menos que uno quiera dársela a alguien. Así me
enseñó mi benefactor, y así he tratado a la pipa toda mi vida.
-¿Qué pasaría si usted perdiera o rompiera la pipa?
Meneó la cabeza, muy lentamente, y me miró.
-¡Me moriría!
-¿Son como la suya todas las pipas de los brujos?
-No todos tienen pipas como la mía. Pero conozco algunos que sí.
-¿Puede usted mismo hacer una pipa como ésta, don Juan? -insistí-. Suponga que no la
tuviera: ¿cómo podría darme una si quisiera?
-Si no tuviera la pipa, no podría ni querría darla. Te darla cualquier otra cosa.
Parecía algo hosco conmigo. Metió con mucho cuidado la pipa en la funda, que debía de estar
forrada de algún material suave, pues la pipa, que encajaba con justeza, se deslizó fácilmente al
interior. Don Juan entró en la casa para guardar su pipa.
-¿Está usted enojado conmigo, don Juan? -le pregunté cuando volvió. Pareció sorprenderse de
mi pregunta.
-¡No! ¡Nunca me enojo con nadie! Ningún ser huma no puede hacer nada lo bastante
importante para enojarme. Uno se enoja con la gente cuando siente que sus actos son
importantes. Yo ya no siento eso.
Martes, 26 de diciembre, 1961
El tiempo específico de replantar el "brote", como don Juan llamaba a la raíz, no estaba fijado,
aunque se suponía que era el siguiente paso para domar el poder vegetal.
Llegué a casa de don Juan el sábado 23 de diciembre, temprano por la tarde. Estuvimos un
rato sentados en silencio, como de costumbre. El día era cálido y nublado. Habían pasado meses
desde que don Juan me diera la primera parte.
-Es tiempo de devolver la yerba a la tierra -dijo de pronto-. Pero antes voy a prepararte una
protección. Tú la guardarás, y sólo tú debes verla. Como yo voy a prepa rarla, también yo la
veré. Eso no es bueno porque, como te dije, no le tengo buena voluntad a la yerba del diablo.
No somos uno. Pero mi recuerdo no vivirá mucho; soy demasiado viejo. Sin embargo, debes
guardarla de los ojos de otros porque, mientras dura su recuerdo de haberla visto, el poder de la
protección sufre daño.
Entró en su cuarto y sacó tres bultos-de arpillera debajo de un petate viejo. Volvió al zaguán y
tomó asiento.
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