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Interacciones éticas y culturales

apropiación de lo real y constitución de conciencia,
transita por cada uno de esos complejos temáticos
señalados previamente: el mundo objetivo entendido como totalidad de las entidades sobre las que
son posibles enunciados verdaderos. Con algo en el
mundo social entendido como totalidad de las relaciones interpersonales legítimamente reguladas. Y
con algo en el mundo subjetivo como totalidad de
las propias vivencias a las que cada cual tiene un acceso privilegiado y que el hablante puede manipular
verazmente ante un público.

En un colectivo, las interacciones éticas y culturales
tienen en su dimensión social, objetos diferenciados, aunque concurrentes operativamente. La ética
tiene como objeto, principios fundamentales que
posibilitarán una convivencia y comportamientos de
sujetos en un todo social. La concurrencia operativa
con las interacciones culturales, se constituyen como
sostiene Habermas, en el acervo del saber, en que,
los participantes en la comunicación se abastecen
de interpretaciones para entender sobre algo en el
mundo social. En las márgenes de esta constante interpretación de lo real se localizan las interacciones
éticas legítimamente reguladas.

La acción comunicativa plantea la dialogicidad basada en un proceso de interpretación en el que los
participantes se refieren simultáneamente a algo en
el mundo objetivo, el mundo social y el mundo subjetivo, aun cuando en su manifestación uno de estos
tres componentes sea privilegiado. Esta dialogicidad
hablante-oyente emplea los tres mundos como el
marco de interpretación para elaborar definiciones
comunes de su situación de acción. Recogida la teoría
y trasladada al concepto de colectivo, la interpretación
del colectivo en tanto proceso
dialógico es eminentemente
cultural. Se entiende entonces que la cultura constituye
el acervo del saber en que
los participantes en la
comunicación se
abastecen de
interpretaciones para entender sobre algo en el
mundo.

En el mundo de las relaciones sociales o mundo de
la vida, los sistemas político, jurídico, educativo, médico, religioso y otros más, provocan la concurrencia entre interacciones culturales y éticas, en ellas se
expresan los márgenes de las tensiones provocadas
entre aquello que podría llamarse, moralidad social
y ética crítica. La primera se entiende mediante las
obligaciones morales que se tienen hacia una comunidad, la otra, a través de los actos de evaluación crítica y racional de esas normas que hace un
individuo. Las reglas sociales pueden ser explícitas,
aunque regularmente no lo son. Los miembros de la
comunidad los aprenden en su proceso de socialización. El aprendizaje de las reglas y de su aplicación
constituye un importante factor en el proceso de
formación de los individuos de una comunidad. La
racionalidad de la ética es práctica, en tanto, trata
de justificar una acción o un programa colectivo de
valores deseables.
La racionalidad de la ética es precisamente la que la
coloca en los márgenes de los sistemas sociales. Así,
el sistema político tiene una racionalidad teórica instrumental en tanto examina los comportamientos en

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El proceso de la masificación del PTEO, como movimiento generador de conciencias críticas