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hombre, en la medida en que busca su liberación
(Freire 2009, p.7).

Como sujetos tenemos que reconocer a la escuela,
la iglesia, la familia, las universidades y a los partidos políticos como aquellos agentes que constituyen los vehículos privilegiados a través de los cuales se transmiten y difunden las distintas formas
ideológicas de “ver y de pensar” la realidad. Podemos decir que la escuela es un instrumento más de
transmisión de ideología a favor del poder. Ante esta
situación, los pedagogos críticos comparten la idea
de que la educación debe impulsar el cambio social
para favorecer la disminución de las desigualdades
económicas, sociales, raciales, de género, etc.; esta
educación, debe incidir en la formación de hombres
y mujeres capaces de luchar por mejores formas de
vida pública, comprometiéndose con los valores de
la libertad, igualdad y justicia social.

Transformar la escuela no ocurrirá de un momento
a otro, ya que entraña un proceso de reflexión crítica sobre la práctica; para construir un nuevo sentido
en nuestra labor que está ligada a la escuela, debemos enfrentar retos ante un mundo que atraviesa
cambios constantes y ante la función del educador,
dado que la tarea de educar no ha cambiado aunque sí la forma en que se enseña. Los educadores
con una visión emancipadora no sólo transforman
la información en conocimiento y en conciencia crítica, también se encargan de formar personas indagadoras, inquietas, reflexivas, libres, desafiantes y
transformadoras de su realidad.

Gramsci sostiene que “la clase burguesa mantiene
su dominio no sólo debido a su poder económico
y al ejercicio de coerción física, sino también a su
control ideológico. Por medio de estos mecanismos,
la clase dominante impone una serie de valores y
creencias, con lo que logra persuadir y dominar a
las clases subalternas. En este sutil proceso, en el
cual la burguesía mantiene la hegemonía” (Bórquez
2009, p. 107). Desde esta perspectiva, una escuela
inserta en una sociedad en el que se den estas prácticas no podrá liberarse si los docentes no reflexionamos sobre el trabajo que desempeñamos en el
aula.

El maestro debe tener la capacidad de reflexionar
críticamente sobre la realidad para transformarla,
así como también la posibilidad de conformarse en
colectivos que puedan luchar sobre una causa en
común. Paulo Freire insistía en que la escuela transformadora es la “escuela del compañerismo”, por
eso su pedagogía es una pedagogía del diálogo, de
los intercambios, del encuentro, de las redes solidarias. Por lo tanto, los actores que intervienen en
la práctica escolar deben conformarse en colectivos
que busquen superar las crisis de sus escuelas ha-

Para transformar necesitamos considerar las necesidades geográficas de nuestro estado, la diversidad
étnica y cultural, los requerimientos de cada nivel
educativo y ser capaces de interpretar las urgencias
de nuestras comunidades. Por eso, la verdadera
educación es diálogo. Si reconocemos que la labor
docente trasciende más allá del aula, se debe pensar en una transformación que sólo tiene sentido en
la medida en que contribuye a la humanización del
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El proceso de la masificación del PTEO, como movimiento generador de conciencias críticas