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Y cortó la comunicación. Flin se quedó tumbado maldiciendo entre dientes. Mientras llego el
cafetero y le dio su café.
-¿Le ayudo en algo más, señor?
-Si, necesito que liquides a un equipo de periodistas.
El cafetero se rió.
-DÍgame sitio y hora y los liquidaré señor.
Flin sonrió.
-Lo tendré en cuenta.
El cafetero se fue y Flin siguió comprobando los suministros que estaban cargando, que
armamento llevaban, qué ruta iba a seguir y todos los detalles de la flota. Todo mientras
pensaba cómo podía librarse de los periodistas. Los odiaba. Cogían a cualquiera y le hundían
la vida aunque no hubiera hecho nada, informaban sólo de lo que querían y además por culpa
de los periodistas su hermano se había quitado la vida. Su pobre hermano John...Pero él ahora
era comandante. Desde que su hermano se fugó y le notificaron que había muerto empezó a
odiar a los periodistas, tanto que llegó a pegarle a uno hasta estar a punto de matarlo cuando
él tenía 16 años. Entonces su padre lo apuntó a una academia militar, donde aprendió a luchar,
a pensar, a obedecer. Y ahora, años después, teniendo ya el trauma de su hermano superado
y con una carrera astronómica en el ejército se veía obligado a aceptar periodistas en sus
naves. Y lo peor no era eso, lo peor es que estaba casi seguro de que el periodista que le
habían asignado el mismo que tuvo la culpa de que su hermano se suicidara, el mismo al que
había golpeado salvajemente, dejándole unas marcas en la cara que aún conservaba. Tony
Ro. Basura entre la basura. Era un personaje con muchos contactos, muchas influencias y
muy toca pelotas. Decidió que era mejor pasar el mal trago pronto, así que accedió al
ordenador y consultó los datos de tripulación de sus naves. Se metió en la ficha de personal no
militar y allí encontró a los periodistas. Efectivamente, Tony Ro y un equipo de 4 cámaras.
Irían además a bordo de la Voyager, su nave. El comunicador empezó a sonar. Era una
llamada desde el muelle de embarque. Se imaginó lo que era. Respondió la llamada. En su
pantalla apareció un cabo de embarque. Era el que se encargaba de la carga del pasaje. En
cuanto descolgó el cabo se cuadró y le hizo el saludo militar.
-Mi comandante, aquí hay un equipo de 4 civiles que solicitan acceso a la voyager. Dicen tener
autorización y traen una tarjeta de embarque sellada por central. ¿Los dejo pasar?
Flin rió un poco por lo bajo. Detrás del soldado se veía a Tony Ro con una monumental cara de
enfado. Probablemente se sentiría cabreado de que él tuviera que dar permiso para que
embarcase. Seguro que contaba con que al traer las órdenes firmadas el no se iba ni a enterar
de que iba en su nave. Decidió putearlo un poco.
-Cabo, tienen autorización para pasar, pero regístrelos a conciencia a ellos y al equipo.
Además hágales pruebas médicas para asegurar que no tienen ninguna infección.
El Cabo sonrió
-A sus órdenes mi comandante.
-Cabo-dijo el general- Hágales saber que si no les parece bien no hay ningún problema, se
quedan en tierra y ya está.
-Sí, mi comandante.
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