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CAPÍTULO 1: JOHN (Algún día de Febrero de 2135)
El espacio era el hogar de John. La absoluta tranquilidad, el sentimiento de saber que se es
la única persona en un radio de miles de millones de kilómetros. Suspiró en su asiento de
capitán mientras se bebía una copa. Miró los paneles de control de la nave y los motores. Todo
en perfecto estado, como siempre. Su nave era una nave única, diseñada por él y por..., no, no
quería acordarse de quien le ayudó a diseñar y construir esa nave. La nave tenía el nombre de
humanidad. Medía doscientos metros de largo y 95 de ancho. Dentro tenía espacio habitable
con piscina, dormitorios para 6 familias, spa, gimnasio, comedores, granjas robotizadas que
producían agua y comida... pero sobre todo era una nave militar. Llevaba un blindaje muy
pesado, mas pesado que algunas de las gigantescas naves capitolio, y un armamento aun mas
pesado. Pero la principal ventaja de la nave eran sus propulsores, únicos en el universo.
Cualquier contrabandista, gobierno o ejército mataría por conseguir el diseño de los
propulsores de la humanidad, ya que eran los únicos capaz de casi alcanzar la velocidad de la
luz, lo que era más del doble de velocidad que la nave más rápida del gobierno y de los
rebeldes. Y es que sus propulsores eran de antimateria. La antimateria era difícil de conseguir,
pero él (y otra persona) habían diseñado y construido la nave para que conseguir combustible
fuera muy fácil. La misma antimateria producía una ingente cantidad de energía, que era lo que
generaba el poderoso escudo que rodeaba a la nave. Otra peculiaridad de la nave es que
podía entrar en la atmósfera de cualquier planeta y salir con sus propios propulsores, cosa que
la mayoría de naves (propulsadas por plasma) no podían hacer, ya que al entrar en la
atmósfera el motor de plasma no tenía potencia suficiente para volver a salir por sus propios
medios, lo que en más de una ocasión le había venido bien para escapar de las naves del
gobierno. Y es que John odiaba al gobierno.
Hacía mucho tiempo había trabajado para el gobierno y le había ayudado, pero...un aviso le
sacó de sus pensamientos. Era una de las diminutas naves espía que había mandado por el
sistema solar en el que se encontraba, había detectado algo. Del tamaño de una persona, esas
naves tenían muchísima autonomía y barrían los alrededores de la nave para detectar
cualquier nave antes de que los detectaran a el. Miró la pantalla y amplió la información. Era
una nave militar, una corbeta ligera. Miro las captaciones infrarrojas y los armamentos que le
estaba enviando el pequeño espía. Los contrastó con la base de datos de su nave. Corbeta de
combate tipo Nabucodonosor, fabricada por industrias Wartech Corp. La corbeta estaba
armada con Cañones de plasma, misiles de corto alcance y ametralladoras ligeras, y llevaba
un generador de escudo muy poco poderoso. Solo 1250 tripulantes y cinco naves, dos de ellas
exploradores y tres de interceptación aérea. Profundizó más en los detalles. De los 1250
tripulantes, 1000 eran operarios para mantener la nave, y solo 250 militares de cuerpos de
asalto. John empezó a sospechar. Una nave muy pequeña, del gobierno, tan lejos de las rutas
habituales y sola. Abrió la pantalla de datos del espía y le ordenó leer el número de la nave.
Cuando lo tuvo se levantó y salió de la cabina de control de la nave. Siguió recto unos veinte
metros y entró en una habitación que había a la izquierda. Era una habitación de seguridad, y
para entrar tuvo que firmar con la retina, meter una clave y dar confirmación vocal. Después de
ese proceso la puerta se abrió. Era una habitación llena de pantallas, en la que salían multitud
de datos, de 1 y 0, y un gran sillón en el centro con seis pantallas y dos teclados delante. John
se sentó y empezó a teclear con rapidez. Después de quince minutos consiguió acceder a las
transmisiones clasificadas del gobierno. Al parecer la corbeta estaba realizando unos
experimentos clasificados de alto secreto y de vital importancia para la defensa terrestre. John
se interesó, pero al intentar acceder vio que estaban clasificados como alto secreto. Maldijo por
lo bajo. El no podía acceder a las informaciones más confidenciales, sólo a algunas
informaciones básicas. Bueno -Pensó- pensándolo fríamente lo más probable es que estén
haciendo algún experimento con antimateria, eso explicaría el uso de una corbeta (corta de
tripulación por si había algún problema poder decir que se había estrellado y que no hubiera
mucha gente afectada), rápida y prescindible. Así pensaba el gobierno, si para desarrollar la
antimateria tenían que morir 2000 personas pues 2000 personas menos. Se levantó, cerró la
puerta y volvió a la cabina de mando. Miró la pantalla con la información que le mandaba el
robot. La otra nave aun no lo había detectado, tardaría quince horas en hacerlo. Pensó que
tenía tres opciones, una huir y dejarlos, dos atacar la nave y destruirla y tres, hacerse pasar por
una nave averiada, entrar dentro y enterarse de que hacían. Se decidió por esto último.
Salió de la cabina de mando cinco minutos después, una vez que dejó programadas
las instrucciones de la nave. El plan era fácil. Su nave seguiría en la órbita de una luna de gran
tamaño, lo que le garantizaba muchas horas de tiempo antes de que la detectaran. El cogería

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