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una de las pequeñas naves que tenía en el hangar y se haría pasar por un averiado, para que
lo recogieran y lo metieran en la nave, no sin antes haber lanzado unos compuesto
adormecedores a los depósitos de oxígeno de la nave (El armamento adormecer era un
invento suyo y nadie más disponía de el), tras dormir a todos los tripulantes exploraría
tranquilamente la nave. Con un poco de suerte y de pericia, sólo tenía que borrar el video de
seguridad y todo su rastro y nadie se daría cuenta de que había estado allí, pensarían que
había algún parásito en la ventilación y que por eso se había desmayado todos.
Entró en el arsenal e la nave. Era una habitación mediana, llena de todo tipo de armas,
escudos y trajes de combate, y en el centro había una especie de brazo puesto en un soporte.
Aquella era la solución a sus problemas, lástima que no pudiera utilizarla. Sacudió la cabeza,
tenía que estar concentrado en lo que estaba, y empezó a equiparse. Iba a ponerse un traje de
combate que había desarrollado él con otra persona, otra persona que...no, mejor no evocar
recuerdos dolorosos. El traje era de una aleación de componentes hecha en un sistema con
una gravedad determinada y con un material sacado de un asteroide que había entrado en ese
universo pero que venía de otro muy lejano, todo eso formaba un material imposible de
conseguir en la tierra o en el espacio. Sólo había 10 trajes como ese en todo el universo. El
traje Medía dos metros de alto y era bastante ancho, llevaba un mini generador eléctrico, un
pequeñísimo depósito de antimateria por si había que viajar por el espacio solo con el traje,
depósito de aire y alimentos para varias semanas, un escudo bastante respetable. Una vez
equipado el traje miró el armamento. El traje era muy versátil, se le podían equipar toneladas
de armamento o de provisiones. Lo equipó con dos cañones aturdidores, unas pequeñas
lanzas que podían dispararse a los depósitos de aire de la nave y todos se desmayarían
durante unas pocas horas. Le puso también armamento no invasivo, principalmente unos
pequeños proyectiles que enviaban esporas que adormecen, por lo que si había alguien que no
se hubiera dormido lo dormiría rápidamente.
Salió del arsenal veinte minutos después, ya completamente equipado y fue hacia el
hangar. En el hangar tenía varias naves para las operaciones de infiltración. Tenía un pequeño
carguero, de los que se usaba para el comercio habitual entre planetas muy cercanos; una
nave-tienda, que iba de planeta en planeta comprando y vendiendo productos variados y que
nunca había utilizado y una nave de asalto rápido, muy rápida y de poca carga (solo servía
para llevar a un máximo de 10 hombres incluidos los pilotos). Para la misión que iba a hacer le
interesaba pasar desapercibido, así que eligió la nave-tienda. La equipó con combustible de
plasma y aire y subió a ella. Después de hacerle un chequeo de rigor cerró las puertas de la
nave y activó los controladores. A continuación se puso a mirar por todas partes en la cabina,
Buscaba el panel de control de nave contenedora, pero no lo veía. Esa nave era “nueva” y
nunca la había pilotado. Maldijo mientras lo buscaba. Ese panel lo llevaban todas las naves
espaciales y servía para cuando entraban dentro de otra nave o se acoplaban al muelle, meter
los códigos de acceso, además de para abrir y cerrar las escotillas en el caso de que tuvieras
los códigos de acceso a la nave. Por fin lo encontró, era un pequeño teclado oculto bajo la
pantalla principal de información. Lo desplegó y metió los códigos de acceso maestro al muelle
de su nave. Dio la orden de abrir la compuerta de tránsito. Esa compuerta era un espacio vacío
entre el espacio y el hangar, para que no hubiera pérdida de aire ni de gravedad. Las naves
más grandes llevaban una pantalla que se moldeaba a la nave, eliminando así la necesidad de
la compuerta de tránsito. Se cerró del todo la puerta del hangar y la puerta del muelle espacial
se abrió, y John avanzó lentamente. Salió al espacio y miró alrededor. Le encantaba el
espacio, el poder vagar libre por el, todas las oportunidades que había en el...todo.
Puso el rumbo de referencia y los rumbos de colisión (unos rumbos adicionales por si
se cruzaban asteroides y objetos en su camino) y aceleró lentamente la nave. Comprobó todos
los propulsores y la potencia que rendían estos. Ajustó algunos que no daban el 100 por cien
de potencia (era un fallo habitual en las naves de plasma, que los motores con el tiempo
perdían efectividad y había que ajustar la potencia que recibía cada motor y ya después ajustar
el porcentaje de velocidad). Una vez ajustado el porcentaje de potencia (el propulsor delantero
izquierdo inferior tenía que estar a un 43 por ciento más de potencia que los otros para el
mismo resultado) aceleró la nave. Era extremadamente lenta, sobre todo comparada con la
suya, pero más no se le podía pedir ya que esa nave (al igual que la mayoría de naves) estaba
propulsadas por plasma, que era una forma de propulsión económica y más o menos rápida,
pero no era tan veloz ni ágil como el propulsor de antimateria que llevaba su nave. Tenía
también la pega de que si pasabas por algún planeta o estrellas que ejerciera demasiada
gravedad era difícil volver a llevarlas a una órbita segura. Accedió desde su traje a su nave y
consultó la información de donde estaba situada la corbeta. Estaba a unas cinco horas, así

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