historias de fonolas.pdf

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Juanito madruga a diario. Levanta su
humanidad antes que cante el gallo. Sale
sin desayunar y sólo le dedica tiempo a la
ducha. Corre al paradero, llega a tiempo,
sólo resta esperar la micro que le sirve.
Ahí viene!...Juan levanta su mano...pero
la micro no se detiene. Cabizbajo se
Lamenta no haber comido algo.
Con un redoble de tambores de fondo, se
prometió jamás volver a ser quien fue.
Te envidio. Así, sin más, disparó su boca.
Te amé. Luisa lo miró un instante, una
lágrima se detuvo. Tan sólo giro la manilla
y salió para no volver.
Jhonny Discos le decían. Todos los
sábados, en forma sagrada, se enfunda
en su traje blanco con lentejuelas
plateadas. Atento al cassette, levanta la
mano y comienza su baile a lo Travolta.
Ojala el público de hoy sea generoso, ya
van dos días a puro tecito.
Muy perfumado y engominado. Esa fue la
impresión de todos en la oficina. Marco
Ojeda era el nuevo ayudante del contador,
apenas se eleva sobre los 18 años. Recién
salido del comercial. Es su primer día, lo
notan nervioso. Impecablemente vestido
con un terno negro, camisa blanca y
corbata azul...avanza dubitativo e inseguro,
pese a su tenida impecable, sus zapatos
con la planta llena de barro arcilloso delatan
su origen humilde.
Guillermo siempre ha despertado las
gallinas, viene en los genes, de familia de
pescadores, el sueño no existe en su
diccionario. Se adentra en la mar dirigiendo
su lanchón con rumbo fijo, su zona de
pesca. Se detiene y revisa las redes
puestas el día anterior, tuvo buena
pesca...más tranquilo se dispone a dar
cuenta de su desayuno...sus ojos se posan
en un punto fijo en el horizonte y su mente
emprende un viaje del cual le cuesta
sustraerse. No quiere esta vida para sus
hijos.
La danza era su pasión y su padre se
había encargado de aplacarla, más el
fuego se mantenía vivo en su corazón...El
rucio, como lo llaman, hace suyo el
semáforo de Vicuña Mackenna y
Ñuble...entre luces rojas y verdes, todos
los días danza entre vehículos
detenidos...no busca dinero y rechaza el
que le ofrecen, el sólo busca ojos que lo
vean y si le regalan un aplauso, se inclina
solemne en una reverencia.
Ignacio Duarte era el tercer hijo de una
familia con pasado burgués y presente
austero. Su padre había desaparecido ya
hace 15 años, llevando consigo el buen
pasar y los juegos dominicales. Ignacio
está a la espera de una beca para poder
estudiar, esta cansado de trabajar de
reponedor en el supermercado...se tiene
fe.
Luego del rito de misa dominical, Ana
piensa que hará el resto del día. Extraña
a sus hijos, ellos están con su padre. Aún
no se acostumbra y no encuentra justo el
tener que compartirlos. Dormiré una siesta,
se obliga...todo sea por acortar la tarde.
Iván Torres le decían en la pobla, Edmundo
tenía el don de predecir el clima. Con sus
80 años a cuestas cada mañana se dirige
a la plaza y se sienta en su escaño habitual.
Claudio se acerca inmerso en sus
pensamientos y más por costumbre que
interés, le pregunta...y don Iván, el tiempo
pa hoy?... Nublado y precipitación obtiene
por respuesta. Claudio piensa para si, lo
loco que está este viejo, si hay anunciados
30 grados. Lo que Claudio ignora, es que
aquello que tanto teme sucederá hoy.
