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historias de fonolas.pdf


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Paseaba tranquilo, siempre conectado a
su música. Andar desgarbado y ropa negra.
Pelo largo y enmarañado. No había
motivos suficientes para siquiera intentar
sonreír, la vida se encargaba a diario de
recordarle que estaba solo.
Endeudado a limites insospechados tras
seis meses sin pega, se presenta feliz a
su nueva pega...cobrador telefónico...las
ironías de la vida.
La primavera era su esperanza. Al fin
terminaría aquella pesadilla. Optimista e
ilusionado emprendía el camino. Cerraba
por fin el portón con un gran candado.
Se acercó lentamente a la pareja que
gritaba su pan amasado con chicharrones.
El bebé dormía en una cuna hechiza,
inmune a los gritos y bocinazos...mejor se
van, vienen más y les quitarán la
mercadería. A esa carabinera aún no se
le metía el vaca en el alma.
Última que le aguanto, se repetía
mentalmente una y otra vez. Andrea era
una mujer golpeada por su marido. Última
vez! Última vez! Ya casi gritaba...se bajó
de la micro, protegiendo su mirada con
sus lentes oscuros. Se veía arrepentido,
me da pena verlo llorar...
Enarbolando su bandera orgulloso y en
paz, se disponía heroico a dar la batalla.
Camino por la acera. Alzo la mirada y
disfruto del momento. El sol, se alza sobre
la cordillera. 8 de la mañana y se que será
un buen día.
Luis se frota los ojos, ha estudiado toda
la tarde, se estira levantando los brazos
sobre la cabeza. Se toma un tecito con
miel. Está listo para el examen final, si lo
pasa será mecánico titulado...se prepara
pa irse a la pega, ya no está tan ronco

como anoche...ensaya su grito...la
basuraaaa! La basuraaaa!... 5 años
gritando lo mismo.
Gladys, no durmió muy bien. Soñó raro.
Gente entrando y saliendo de su vida.
Gladys, se sienta al borde de su cama,
prende la lamparita del velador. 5:30 AM.
Mira a su lado, Pedro su hijo duerme
tranquilo, y confiado... Sólo él quedó de
ese gran amor.
Don Raúl tiene su almacén por más de 40
años. Hace como 20 años se le instaló el
primer supermercado cerca, hoy ya son 4
los que lo cercan y hunden. Con su
almacén pagó los estudios a sus hijos.
Abría todos los días del año. No extraña
el dinero de las ventas. Sólo doña Hirma
y unas pocas vecinas vienen compran y
conversan, extraña regalar la yapa a los
niños. Sus hijos se fueron, tienen sus vidas.
Todos los domingos visita a doña Matilde
en el cementerio, se queda y le conversa
horas. Cuanto la extraña!.
Su día partía de la misma forma, su
sanguchito y un té al lado de su carrito
recolector de basura. Conversaba con los
colegas. Luego a la ruta, ruta en la cual
raramente alguien se dignaba a mirarlo,
cada mirada esquiva le dolía. Cuán
humillante puede ser invisible.
Chocolo a gamba y a cien! Grita a viva
voz...en su caja de plumavit carga con sus
sueños congelados.
Cada mañana al despertar por los rayos
que se cuelan a través de los tablones mal
alineados, Pedro mira su habitación.
Decide levantarse. Levanta sus calamorros
desde el piso de tierra. Hay que salir a
ganarse el pan.