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“Desgraciadamente hay mucho más de mal gusto en el mundo, que de bueno. Para reemplazar
la dignidad, una especie de exhibicionismo ha sido creado, y una elaborada lindeza para sustituir
la belleza, el efecto meramente teatral a cambio de una efectiva expresividad.
“Lo peor es que estos clichés llenarán las lagunas de un rol cuando éste no se halla sólidamente
basado en sentimientos vivos, en sensibilidad verdadera. Más aún, a menudo se anticipan al
sentimiento, le obstruyen el camino: he aquí por qué el actor debe protegerse, del modo más
consciente, de tales
vicios y recursos. Y esto es verdad, aun tratándose de bien dotados actores, capaces de lograr la
verdadera creación.
“No importa cuan cuidadoso pueda ser un actor en la elección de lo convencional en la escena:
la cualidad mecánica inherente a ello le impedirá conmover realmente al espectador. Deberá
contar con algunos medios suplementarios para esto, y así se refugia en lo que llamamos
emociones teatrales: una especie de imitación, artificial, de las sensaciones físicas, del
sentimiento en su periferia.
“Si ustedes aprietan los puños fuertemente y entiesan los músculos del cuerpo o respiran con
espasmos, pueden lograr un estado de gran tensión física. Esto es a menudo tomado por el
público como la expresión de un poderoso temperamento excitado por la pasión.
“Actores de un tipo más nervioso pueden despertar emociones teatrales por medio de una
artificial exaltación de sus nervios; esto produce una cierta histeria teatral, un estado de éxtasis
insano que de ordinario es tan falto de contenido interno como la forzada excitación física”.
4
En la lección de hoy, el Director continuó discutiendo la función de prueba. El pobre Vanya
Vyuntsov llevó la peor par. te: Tortsov no reconoció su actuación, ni siquiera como mecánica.
—¿Qué fue entonces? —pregunté yo.
—La más repulsiva muestra de sobreactuación —contestó el Director.
—Yo al menos, ¿no tuve nada de eso? —aventuré.
—Ciertamente que sí —replicó Tortsov.
—¿Cuándo? —exclamé—. Usted mismo dijo que yo había actuado.
—Ya expliqué que su actuación había destacado momentos de creación verdadera, alternados
con otros de...
—¿De actuación mecánica? —La pregunta se me escapó.
—Eso sólo puede desarrollarse por medio de una larga labor, como el caso de Grisha, y usted
nunca pudo tener tiempo para crear tal método. He aquí por qué nos dio una exagerada
imitación de un salvaje, empleando los medios estereotipados de la peor clase, como un
aficionado, y en los cuales no había ni señal de técnica. Hasta la actuación mecánica tiene que
contar con la técnica para lograrse.
—¿Pero dónde pude adquirir esos “sellos de goma” siendo que ésta es la primera vez que piso
las tablas? —dije.
—Lea usted “Mi Vida en el Arte”. Allí encontrará la historia de dos muchachas que no habiendo
visto nunca una función de teatro, ni siquiera un ensayo, actuaron una tragedia con los más
viciosos y triviales clichés. Usted también tiene muchos de éstos, por fortuna.