actor prepara.pdf

Vista previa de texto
marco, esto es, llevarlo a escena. Y, entonces, el público dirá: “Ese es Tartufo”, o “El actor no ha
hecho un buen trabajo”.
—Pero todo eso es terriblemente difícil y complicado —opuse, convencido.
—Cierto. El mismo Coquelin lo admite. Dice: “El actor no vive, actúa. Permanece indiferente
hacia el objeto de su actuación, pero su arte debe ser perfecto”... Y es seguro —añadió
Tortsov— que el arte de la representación debe ser perfecto si ha de ser arte.
“La respuesta precisa para la escuela de representación es que: “el arte no es vida real, ni aun
siendo su reflejo. Arte es, en sí mismo, creación; crea su propia vida, bella en su abstracción, y
más allá de los límites del tiempo y del espacio. Por cierto, no podemos estar de acuerdo con tan
presuntuoso reto de ese único y perfecto, inasequible artista que es nuestra naturaleza creadora.
“Artistas de la escuela de Coquelin razonan como sigue:
El teatro es una convención, y la escena demasiado pobre en recursos para crear la ilusión de la
vida real; por lo tanto, el teatro no debe evitar lo convencional... Este tipo de arte es menos
profundo que bello, es más inmediatamente efectivo que realmente fuerte; en él la forma interesa
más que el contenido. Actúa más sobre los sentidos de la vista y el oído que sobre el alma
misma. En consecuencia, es más para deleitar que para conmover.
“Ustedes podrán quedar grandemente impresionados con ese arte. Pero nunca penetrará
profundamente en su espíritu ni lo confortará, Su efecto es agudo, pero no perdurable. El
asombro, más que la fe, es lo que despierta; sólo aquello que puede realizarse a través de una
sorprendente belleza teatral, o a través de lo patético e impresionante, pertenece a sus dominios.
Pero los sentimientos humanos, delicados y profundos, no son sujeto para su técnica. Estos
requieren emociones naturales en el mismo momento en que aparecen ante nosotros,
encarnados. Requieren una directa cooperación de la naturaleza en sí misma. No obstante,
representar la parte, ajustándose parcialmente a nuestro propio proceso, debe ser reconocido
como arte creativo.
3
En nuestra lección de hoy, Grisha Govorkov dijo que él siempre habla sentido profundamente lo
que hacia en escena.
A esto Tortsov comentó:
—Todos en la vida, a cada momento, deben sentir algo. Sólo los muertos carecen de
sensaciones. Lo importante es saber qué es lo que se siente en escena, porque a menudo
sucede que hasta el más experimentado actor tiene su vida privada y lleva consigo a la escena
algo que no es ni importante ni esencial para su papel. Y esto les sucedió a todos ustedes.
Algunos estudiantes lucían su voz, sus entonaciones de efecto, su técnica de actuación; otros
hacían reír a los espectadores con su actividad vivaz, con saltos de ballet, con una desesperada
sobreactuación; y se engreían consigo mismos con bellos gestos y posturas. En pocas palabras,
traían a la escena todo menos aquello que era necesario para los papeles que encarnaban.
“En cuanto a usted, Govorkov, ni se acercó siquiera al contenido interno del suyo, ni lo vivió ni lo
representó, sino que hizo algo completamente diferente.
—¿Qué hice? —se apresuró a preguntar Grisha.
—Actuar mecánicamente. Sin duda, no una mala actuación de esta clase, habiendo más bien
elaborado métodos de representar un papel ilustrándolo convencionalmente.
Omitiré la larga discusión que promovió Grisha, yendo directamente a la explicación que dio
Tortsov sobre las fronteras que separan el arte verdadero de la actuación mecánica.
