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—No puede haber arte verdadero sin vida. Este comienza donde el sentimiento se compenetra
con él.
—¿Y la actuación mecánica? —preguntó Grisha.
—Comienza donde termina el arte creativo. En la actuación mecánica no hay lugar para ningún
proceso vivo, y si éste aparece es sólo por accidente.
“Ustedes entenderán esto mejor cuando reconozcan los orígenes y métodos de la actuación
mecánica, que caracterizamos como “sellos de goma”. Para reproducir sentimientos deben
ustedes ser capaces de identificarlos por haberlos experimentado. Como los actores que actúan
mecánicamente no los experimentan, no pueden reproducir su efecto exterior.
“Con la ayuda de la mímica, la voz y sus ademanes, el actor mecánico ofrece al público nada
más que la máscara inanimada de sentimientos no existentes. Para ello, ha sido elaborada una
gran variedad de efectos puramente pintorescos que pretenden caracterizar toda clase de
sentimientos valiéndose de medios puramente externos.
“Algunos de estos clichés establecidos han llegado a ser tradicionales, pasando de una
generación a otra. Así por ejemplo, extender la mano sobre el corazón para significar amor, o
abrir ampliamente la boca para dar idea de muerte. Otros son procedimientos ya hechos,
tomados de talentosos actores contemporáneos (así, frotarse la frente con el dorso de la mano,
como Vera Komissarzhevskaya acostumbraba hacer en sus momentos trágicos). Otros medios
semejantes son creados por los actores mismos.
“Hay entre ellos especiales maneras de recitar un papel, en dicción y expresión; por ejemplo,
tonos exageradamente agudos o bien graves en los momentos críticos del papel, con trémolos
específicamente teatrales o especiales retoques declamatorios. Hay también métodos en cuanto
al movimiento físico: actores que no caminan sino “progresan”, avanzan lentamente en la
escena; y en cuanto a los ademanes y la acción, tratan de lograr un movimiento plástico. Hay
métodos para expresar todo sentimiento, toda pasión humana: mostrar los dientes y volver los
ojos en blanco para demostrar celos, cubrir ojos y cara con las manos en vez de llorar, mesar y
arrancarse los cabellos para mostrar desesperación. Hay maneras de imitar toda clase de tipos y
gente de diferentes clases sociales: los campesinos escupen en el suelo, se suenan la nariz con
las faldas de la camisa o con la manga, los militares hacen sonar sus espuelas, los aristócratas
juegan con sus impertinentes. Otras maneras caracterizan épocas: ademanes operáticos para la
Edad Media, andar a pasos cortos para el siglo dieciocho. Estos modos, métodos hechos de la
actuación mecánica, son adquiridos fácilmente mediante un constante ejercicio, hasta llegar a
ser una segunda naturaleza.
“El tiempo y el hábito constante hacen, aun de aquellas cosas deformadas e insensatas, algo
preferido y familiar. Ejemplos de ello son: el cortesano encogerse de hombros de la Opera
Cómica, las viejas tratando de aparecer jóvenes, las puertas que se abren y cierran solas con las
entradas o salidas del héroe. El ballet, la ópera, y especialmente la tragedia pseudoclásica, están
llenos de tales convencionalismos, y por medio de estos siempre invariables métodos esperan
reproducir las más complicadas experiencias de sus héroes. Igualmente el hacer como si se
arrancase el corazón del fondo del pecho en los momentos desesperados, sacudir los puños en
señal de venganza o elevar los brazos al cielo en ademán de súplica.
“Para los actores mecánicos, el objeto del recitado teatral y la plástica de movimientos
(exagerada dulzura en los momentos líricos, pesada monotonía en los trozos poético-épicos,
hablar silbando para expresar villanía, lágrimas falsas en la voz para expresar la pena), agravar
la voz, exagerar dicción y ademanes, es dar mayor relieve al actor y hacer más poderoso el
efecto de su teatralidad.
