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labor tan falta de sentido como la que ha hecho y acabamos de comentar. Tercero, nunca se
permita caracterizar en lo exterior nada que no haya cuidadosa e íntimamente experimentado, y
que no haya sido siquiera interesante para usted.
“Una verdad artística es difícil de lograrse, pero nunca defrauda. Es cada vez más grata, penetra
más profundamente, siempre, hasta que posee por completo al artista, al mismo tiempo que a
los espectadores. Un papel cimentado en la verdad, progresa; por el contrario, el que se hace
sobre un patrón estereotipado, decae.
“Lo convencional pronto cansa. No es capaz por sí mismo de conmover, en cualquiera ocasión
como en la primera, cuando erróneamente se le tomó por inspiración.
“Hay que añadir a todo esto las condiciones en que se desarrollan las actividades teatrales, la
publicidad al servicio de la labor de los actores, la dependencia que éstos tienen, para su éxito,
del público, y el deseo que se deriva de todas estas condiciones, de impresionar por cualquier
medio. Estos estímulos profesionales con mucha frecuencia se apoderan del actor, aun cuando
haga un papel ya establecido, y no mejoran la calidad de su trabajo; por el contrario, le
influencian conduciéndolo al exhibicionismo, y reforzando los métodos estereotipados de que
hace uso.
“En el caso de Grisha, él ha trabajado realmente sobre moldes convencionales, “sellos de goma”,
con el resultado de que siendo suyos son más o menos buenos. Pero los que usted empleó
fueron malos porque ni siquiera los trabajó. He aquí por qué llamé a la labor de Grisha más bien
una actuación mecánica decente, y a la parte infortunada de la actuación de usted la consideré
una sobreactuación de aficionado.
—En resumen, ¿mi actuación fue una mezcla de lo peor y lo mejor de nuestra profesión?
—No, no realmente lo peor —dijo Tortsov—. Lo que otros hicieron fue aún más malo. Sus
defectos de aficionado son remediables, pero los errores de otros demuestran un principio, una
causa consciente que es bien difícil de cambiar o de desarraigar del artista.
—¿Qué es ello?
—La explotación del arte.
—¿En qué consiste? —preguntó uno de los estudiantes.
—¿En lo que Sonya Veliaminova hizo?
—¡Yo! —la pobre muchacha saltó de su asiento, sorprendida—. ¿Qué hice yo?
—Mostrarnos sus manos, sus piececitos, toda su persona. porque en el escenario podían lucir
mejor —contestó el Director.
—¡Qué pena! ¡Yo no me di cuenta!
—Es lo que sucede siempre cuando un hábito es realmente fuerte.
—¿Por qué me elogió usted, entonces?
—Porque sus manos y sus pies son bonitos.
—¿Y qué fue lo malo?
—Lo malo fue que usted coqueteó con el público, en lugar de interpretar a Catalina.
Comprenderá que Shakespeare no escribió “La Fierecilla Domada” para que una estudiante
llamada Sonya Veliaminova pudiera mostrar al público su lindo pie, o flirteara con sus
