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privilegia el estudio de los bienes culturales sobre los naturales y del patrimonio tangible sobre el
intangible. Por lo que hay que evitar dedicar más tiempo, otorgando mayor importancia al
tratamiento de contenidos correspondientes al patrimonio cultural, en detrimento de aquellos
que aluden al patrimonio natural de la entidad. Con el fin de prevenir este problema deben
incluirse en los programas orientaciones específicas que señalen la importancia de equilibrar el
tratamiento de los bienes patrimoniales de orden cultural y natural. Al conceder importancia al
tratamiento de los bienes patrimoniales naturales –reservas de la biosfera, parques nacionales,
monumentos naturales, áreas de protección de los recursos naturales y santuarios– se propicia
que los estudiantes establezcan el compromiso de preservarlos y conservarlos realizando acciones
compatibles con el ambiente.
No obstante que el punto de partida para definir el patrimonio es la distinción entre “lo
propio y lo ajeno”, en los programas de estudio y en las acciones educativas que se propongan,
deberá evitarse caer en posturas etnocentristas consistentes en ofrecer valor solamente a las
manifestaciones culturales propias y a desconocer u otorgar menos valía a las tradiciones
culturales de otros pueblos, lugares y regiones. Por el contrario, es conveniente que se busque una
visión equilibrada en la que a un mismo tiempo los alumnos reconozcan lo propio como algo
diferente dándole el mismo valor de aquello ajeno a su región y cultura.
Es común que se considere que los bienes patrimoniales son algo dado, estático, que no sufre
cambio alguno, pues son generalmente heredados, y si lo hace, esas transformaciones que
experimenta son casi imperceptibles o nulas. Frente a esta postura debe reconocerse a los bienes
patrimoniales de la entidad en su calidad de elemento dinámico en constante transformación que
se enriquece y fortalece con acciones compatibles de los individuos o se debilita y desaparece
cuando éstos realizan acciones incompatibles o no se involucran en su cuidado y preservación.
Asimismo, es conveniente establecer de manera muy clara que el patrimonio constituye un
recurso no renovable cuya destrucción, si no se prevé, es irreversible. Es propicio tener presente
que la pertinencia del programa de estudios radica en su contribución a que los alumnos
adquieran y desarrollen conocimientos, habilidades y actitudes encaminadas al desarrollo de los
rasgos del perfil de egreso y que para ello se deben promover aprendizajes con significado, en
consecuencia, se deben evitar acciones educativas que promuevan el aprendizaje de datos y
conceptos con base en la memorización. Cuando se privilegia la memorización se evita que los
alumnos construyan aprendizajes duraderos en los que pongan en juego las competencias para la
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