PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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la creatividad?
¿Por qué me impones
lo que sabes,
si quiero yo aprender
lo desconocido
y su fuente en mi propio descubrimiento?
El mundo de tu verdad
es mi tragedia;
tu sabiduría,
mi negación;
tu conquista,
mi ausencia;
tu hacer,
mi destrucción.
(Humberto Maturana).
***
-¿Cuál es su montaña preferida? -le preguntaron a aquel famoso andinista.
-La que todavía no he escalado -respondió.
-¿Cómo es eso?
-Sí, ella es la que me obliga a mantenerme en forma, a ejercitarme sin
descanso, a ilusionarme. Impide que mi vida se vuelva una rutina y un mero
recordar viejas glorias.
La verdadera sabiduría es también humilde, reconoce su pequeñez, y sólo
así puede acercarse al misterio. Esto es lo que le enseñó un niño que jugaba en la
playa al gran sabio San Agustín:
***
Una tarde, paseaba San Agustín por las rubias playas de Hipona, agitado
por el afán de comprender el misterio de la Santísima Trinidad. “¿Cómo era
posible que Dios fuera uno y tres personas al mismo tiempo?” . Su cabeza ardía
de ideas y de dudas, y no tenía ojos para ver el mar ni oídos para escuchar las
mansas olas que alargaban sus besos hasta la punta de sus sandalias. De pronto,
vio que un niño corría con una concha marina llena de agua y la arrojaba en un
pocito que había hecho en la arena con sus propias manos. El sabio se paró a
observar al niño. Tenía el pelo negro y rizado, chapoteaba feliz en el agua, llenaba
su concha y corría entusiasmado a echarla en el pocito, que se iba llenando muy
lentamente, porque la arena se chupaba el agua.
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