PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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32.- LA SABIDURIA DE RECONOCER LA PROPIA IGNORANCIA
Hay una vieja historia de un filósofo de la antigua China, que gozaba del
favor del emperador. Era un hombre muy humilde y, cuando le preguntaban algo
que él no sabía, respondía enseguida: “No lo sé”.
En cierta ocasión, alguien que no podía comprender sus continuas
confesiones de ignorancia, le dijo:
-Pero, ¿no te paga el emperador por lo que sabes?
-Sí, por supuesto –respondió el filósofo con paciente humildad-. Si me
pagara por lo que no sé, no alcanzarían las riquezas del imperio ni las de todo el
mundo.
“Sólo sé que no sé nada”, decía Sócrates. El verdadero sabio es muy
consciente de su ignorancia, como el verdadero santo es muy consciente de sus
defectos y debilidades. El que sabe poco suele ir alardeando de sus
conocimientos y necesita exhibir sus diplomas y títulos con los que pretende
arroparse y tapar su ignorancia y su inseguridad. La clave de la sabiduría es
reconocer la ignorancia y tener siempre deseos de aprender, de enfrentarse a lo
desconocido, de buscar, de investigar, de querer saber más... Es genuino
educador no aquel que sabe mucho o tiene una serie de títulos y postgrados, sino
aquel que es capaz de despertar la curiosidad de sus alumnos y provoca en ellos
el hambre de aprender, de descubrir, de crecer, de vivir a plenitud. No les
comunica tanto sus conocimientos, sino sus deseos y habilidades para que ellos
los adquieran. Vive con sus alumnos la aventura del aprendizaje cotidiano,
convierte su salón en un taller, en un laboratorio, en un lugar de búsqueda, de
encuentro y convivencia, de construcción de nuevos conocimientos y valores.
Todo esto sólo será posible si el educador tiene ganas de aprender, es un
enamorado de la vida y de la enseñanza, está comprometido en su contínua
formación y crecimiento, para de este modo, ayudar al crecimiento de sus
alumnos:
No me instruyas,
vive junto a mí;
tu fracaso es
que yo sea idéntico a tí.
¿No te das cuenta
de que has querido combatir
la ignorancia
con la instrucción,
y que la instrucción
es la afirmación
de la ignorancia
porque destruye
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