PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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Sin embargo, fueron pasando las horas y Jesús no aparecía. Cansados de
esperar, decepcionados y pensando, pero sin atreverse a decirlo, que todo había
sido una simple chaladura de esa señora que de tanto rezar andaba inventando
visiones de ángeles y cosas absurdas, empezaron a comer los pasapalos,
descorcharon las botellas, devoraron los manjares, los postres, los licores...
Después, con el peso de la comida y la bebida les llegó el sueño y se fueron
yendo a la cama tras despedirse de la señora con una palmadita que podía
expresar cualquier cosa. La señora quedó sola, llorando de desilusión. Había
sorprendido algunos cruces de miradas y sonrisas que querían expresar que
estaba medio loca. Pero ella estaba segura de haber visto el ángel y de haber
escuchado sus palabras. No podía imaginar qué habría pasado. Como sabía bien
que los ángeles no mienten, algo muy serio le habría sucedido a Jesús para no
presentarse en la casa como lo había anunciado su mensajero el ángel. Tras
llorar un buen rato y convencerse de que ella no había fallado en nada, la
madrugada le trajo un sueño apacible y quedó dormida sobre el sofá de la sala.
Cuando despertó, vio al ángel junto a ella.
-¿Por qué me engañaste? –le gritó con dolor y con rabia-. Preparé todo con
esmero, aguardé toda la noche, pero Jesús no apareció. ¿Por qué me hicieron
esta broma frente a toda mi familia?
-No fui yo quien mintió –le dijo el ángel-. Fue usted la que no tuvo ojos para
ver. Jesús vino tres veces: él era la mujer embarazada que le solicitó trabajo, el
camionero sucio de grasa, el niño hambriento que le pidió comida. Pero usted no
fue capaz de reconocerlo ni de acogerlo.
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