PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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El viejo escudero le miró calmadamente con sus ojos mansos y le dijo:
-Ten paciencia, no te desesperes, te aseguro que estamos cerca. Un
esfuerzo más y seguro que lo encontramos.
Mansur siguió subiendo la montaña jadeando improperios. Estaba cansado,
desanimado, convencido de que el viejo era un simple charlatán, y hasta temió
que, en un descuido, le diera un empujón en uno de esos parajes indómitos y lo
matara para apoderarse de su bolsa.
-Eres un pobre viejo, idiota y mentiroso –empezó a ofenderle con ira-. No
sé cómo pude dejarme embaucar por un loco charlatán como tú. Yo no sigo más.
Me voy. Tú verás cómo vuelves, porque yo no pienso darte ni un mendrugo de
pan. Me importa un comino si te mueres de hambre.
Mansur empezó a descender de la montaña vomitando cólera. No entendía
cómo se había fiado de ese pobre viejo que, sin duda alguna, estaba mal de la
cabeza. De repente, vio una sombra sobre él, alzó los ojos y vio al viejo escudero
volando plácidamente sobre él en el azul infinito del cielo.
Las cosas que merecen la pena cuestan. A veces, queremos volar,
levantarnos de nuestras rutinas, procurar metas de excelencia, pero desistimos
ante los esfuerzos y sacrificios que exigen. Los grandes hombres , todos los que
han sobresalido en lo político, en lo científico, en lo cultural, en la santidad, lo
hicieron porque quisieron con radicalidad algo y comprometieron sus vidas a
lograrlo, sin importar lo que costara, ni los esfuerzos y sacrificios que implicara.
Nosotros no queremos nada en serio, con radicalidad. Por eso, somos tan
mediocres en todo. Querríamos que se nos dieran las cosas , pero sin
esforzarnos de veras. Desistimos ante la primera dificultad. Nos falta garra. Nos
gustaría volar, pero no estamos dispuestos a jugarnos la vida en esta empresa.
Todos quieren apoderarse
de la espiga madura.
Pocos quieren enterrarse
como grano de trigo
donde se forma el futuro
“sin saber cómo”.
(Benjamín González B.)
La cultura light de nuestros tiempos rehuye el sacrificio, el esfuerzo, ell
vencimiento y ofrece a los jóvenes las promesas de una plenitud vana y hueca,
mediante la satisfacción de todos sus caprichos, que renueva permanentemente
para tener atrapado su corazón y para que permanezca inalterable el afán de
comprar y consumir. De ahí la necesidad de una educación que se oriente a
formar la voluntad, el coraje, la responsabilidad, la constancia , que combata el
egoísmo, que cincele corazones fuertes y generosos. Querer a los alumnos
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