PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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Ya acariciaba con sus ojos la cumbre cuando cayó de golpe la noche con
su larga carga de tinieblas. A pesar de que casi no veía, decidió continuar
adelante, atrapado por la emoción de pasar la noche en el pico para ver desde allí
el amanecer.
Un mal paso, un resbalón, y empezó a rodar velozmente monte abajo,
hasta que un fuerte tirón que casi lo parte en dos lo detuvo de golpe: la cuerda
que llevaba amarrada a la cintura le impidió que cayera en el abismo.
Tras recobrar la calma y encontrarse guindando de una cuerda en medio
de una noche cerrada y negra, sólo se le ocurrió gritar con desespero:
-¡Ayúdame, Dios mío! ¡Ayúdame, te lo ruego!
De repente, cayó sobre él una voz profunda y grave:
-¿Qué quieres que haga?
-¡Sálvame, Dios mío!
-¿Realmente crees que yo puedo y quiero salvarte?
-Sí, lo creo, yo sé bien que tú eres mi padre y que me amas...
-Entonces, ¡corta la cuerda que te sostiene!
El andinista no esperaba esa respuesta. ¡Cómo iba a cortar la cuerda si era
la que le impedía rodar abismo abajo, caer en alguna grieta o estrellarse contra las
rocas! Seguro que Dios no le había hablado. ¿Cómo iba a hablarle Dios? Su
temor y desespero habían imaginado que Dios le hablaba. El hombre se aferró
más a su cuerda y se dispuso a pasar allí la noche. El viento gemia a su lado cada
vez más frío...
Cuenta el equipo de rescate que encontraron colgado a un andinista
congelado, muerto de frío, agarrado con desesperación a una cuerda ...A DOS
METROS DEL SUELO...
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