PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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10.- UN ERROR AFORTUNADO
En el salón de clase había dos alumnos que tenían el mismo apellido:
Urdaneta. Uno de los Urdaneta, el más pequeño, era un verdadero dolor de
cabeza para la maestra: indisciplinado, poco aplicado en sus estudios, buscador
de pleitos. El otro Urdaneta, en cambio, era un alumno ejemplar.
Tras la reunión de representantes, una señora de modales muy finos se
presentó a la maestra como la mamá de Urdaneta. Creyendo que se trataba de la
mamá del alumno aplicado, la maestra se deshizo en alabanzas y felicitaciones y
repitió varias veces que era un verdadero placer tener a su hijo como alumno.
A la mañana siguiente, el Urdaneta revoltoso llegó muy temprano al colegio
y fue directo en busca de su maestra. Cuando la encontró, le dijo casi entre
lágrimas: “Muchas gracias por haberle dicho a mi mamá que yo era uno de sus
alumnos preferidos y que era un placer tenerme en su clase. ¡Con qué alegría me
lo decía mamá! ¡Qué feliz estaba! Ya sé que hasta ahora no he sido bueno, pero
desde ahora lo voy a ser”
La maestra cayó en la cuenta de su error pero no dijo nada. Sólo sonrió y
acarició levemente la cabeza de Urdaneta en un gesto de profundo cariño. El
pequeño Urdaneta cambió totalmente desde entonces y fue, realmente, un placer
tenerlo en clase.
Las expectativas que abrigamos hacia una persona se las comunicamos y
es probable que se conviertan en realidad. Esto es lo que se conoce como Efecto
Pigmalión. Según la mitología, Pigmalión, rey legendario de Chipre, esculpió en
marfil una estatua de mujer tan hermosa que se enamoró perdidamente de ella.
Invocó a la diosa Venus, quien atendió las súplicas del rey enamorado, y convirtió
la estatua en una bellísima mujer de carne y hueso. Pigmalión la llamó Galatea, se
casaron y fueron muy felices.
El mito de Pigmalión viene a significar que las expectativas, positivas o
negativas, influyen mucho en las personas con las que nos relacionamos. De ahí
la importancia de tener expectativas positivas de nuestros alumnos. La capacidad
de aceptar a los otros como son, y no como quisiéramos que fueran, y de
comunicarles dicha aceptación mediante palabras o gestos, es tal vez la principal
herramienta para producir cambios positivos en el crecimiento y desarrollo de la
persona.
Diferentes tests e investigaciones de Rosenthal han demostrado que las
expectativas de los maestros constituyen uno de los factores más poderosos en el
rendimiento escolar de los alumnos. Si el maestro tiene expectativas positivas
respecto a sus alumnos, se las comunica y logra que estos avancen. Lo mismo si
son negativas. Si el maestro está convencido de que sus alumnos -o alguno de
ellos- son incapaces, los vuelve incapaces. Como dice Fernando Savater: “Si
piensas que tu alumno es un idiota, si en realidad no lo es, pronto lo será”. Si, por
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