PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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a que lo convenciera por las buenas. Si no lo lograba, tendrían que proceder de un
modo mucho más severo. No iban a permitir que las locuras de un joven
sembraran las semillas de la desintegración y la discordia.
-¿Cómo puedes ir en contra de nuestras tradiciones y nuestras leyes? –le
dijo el sacerdote-. Durante años y años, todos hemos andado perfectamente con
la ayuda de las muletas. Con ellas, te sientes más seguro, y tienes que hacer
menos esfuerzo con las piernas. Las muletas son un gran invento, símbolo de la
civilización y de la ciencia. Dios nos dio la inteligencia para que la usáramos; ir
contra las muletas es ir contra Dios. Sólo los animales, que son seres inferiores,
pueden caminar sin ellas. ¿Acaso pretendes que los imitemos y tiremos por la
borda tantos años de avances y progreso? ¿Cómo vas a despreciar nuestras
bibliotecas donde se concreta todo el saber de nuestros antepasados sobre la
construcción, uso y mantenimiento de las muletas? ¿Cómo vas a irrespetar
nuestros símbolos patrios que llevan en el escudo y la bandera una muleta? ¿Qué
sentido tendrán nuestras oraciones en las que todos los días agradecemos a Dios
el habernos dado la sabiduría para perfeccionar cada vez más la utilización de las
muletas? ¿Acaso vamos a ignorar a nuestros próceres, nuestros sabios y nuestros
santos que levantaron su gloria, sabiduría y santidad bien afincados sobre sus
muletas?
Fracasó también el sacerdote y, para impedir la propagación de ideas tan
perniciosas, encarcelaron al joven. Allí fue practicando con avidez su propuesta
de prescindir de las muletas. Sus piernas débiles se fueron fortaleciendo y cada
día su caminar era más seguro y firme.
Decidieron desterrarlo del país. Lo sacaron de la cárcel y ante los ojos
impávidos de todos, el joven arrojó sus muletas al aire y comenzó a correr gritando
de alegría, al encuentro de sí mismo, de su libertad.
¡Cómo nos cargamos de muletas para sentirnos seguros e importantes! Las
muletas del dinero, de la fama, del poder, del carro nuevo, de la tarjeta de crédito,
del título... Afincados en nuestras muletas nos creemos superiores, ocultamos
detrás de ellas nuestra inseguridad, nuestros miedos. Confundimos la libertad con
llenarnos de cosas, con apoyarnos en muletas doradas. Ya nadie se atreve a ser
él, a caminar sin muletas. Estamos confundiendo la libertad, con amarrarnos a
nuestros caprichos y deseos, cuando la verdadera libertad consiste en liberarse de
toda muleta y atadura, en vivir de tal forma que nada ni nadie tenga poder sobre
uno. La libertad implica una serie de rupturas de todo aquello que nos impide vivir
con autenticidad, de todo lo que nos ata y esclaviza.
En el capítulo 5 del evangelio de Juan, el paralítico que llevaba 38 años de
inmovilidad, se fía plenamente de la palabra de Jesús, se levanta, arroja al aire
sus muletas y empieza a caminar libremente, mientras que todos los demás se
quedan paralizados por las muletas de sus fundamentalismos, su miedo al
cambio, sus leyes y costumbres...
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