PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf


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9.- EL PAIS DE LAS MULETAS
En un lejano país, un rey salió a combatir al frente de sus soldados y, en
el fragor de la pelea, le hirieron gravemente en uno de sus muslos, se le
gangrenaron las heridas y, para salvarle la vida, tuvieron que cortarle la pierna.
Regresó a su reino y, para poder caminar, fue necesario que se ayudara en unas
muletas. Para solidarizarse con su rey, su Primer Ministro comenzó a caminar él
también apoyado en unas muletas a pesar de tener sus dos piernas en perfectas
condiciones. Pronto, comenzaron a imitarles los muchos arribistas y jaladores que
nunca faltan, y a los pocos días, casi toda la población de aquel país andaba con
muletas. Con el tiempo las muletas pasaron a ser símbolo de distinción y jerarquía:
Los ricos las hacían con las maderas más finas y les incrustaban joyas y piedras
preciosas, los comerciantes se apresuraron a montar varias fábricas de muletas y
a vocear sus ventajas funcionales, comenzaron a ser despreciados y tenidos por
bárbaros los que todavía caminaban sin muletas, y muy pronto en las escuelas se
empezó a dar clases de cómo caminar con muletas, barnizarlas y cuidarlas.
Todos llegaron a convencerse de que era mucho mejor caminar con muletas que
sin ellas y el Consejo de Ministros logró convencer al rey de que emitiera un
decreto real prohibiendo caminar sin muletas y exigiendo que todo niño, desde su
nacimiento, fuera adiestrado a caminar con sus muletas.
Fue pasando el tiempo y en aquel país ya nadie sabía que era posible
caminar sin sus muletas...
Al cabo de muchos años, un joven inconforme empezó a decir que las
muletas eran un estorbo y que era posible e incluso preferible caminar sin ellas.
Nadie le dio mucha importancia a sus ideas por considerarlas locuras de joven, se
rieron de él, y esperaron que el tiempo le devolvería la sensatez.
Pero el joven seguía insistiendo en su descabellada idea. Parecía que no
podía quitársela de la cabeza y se soñaba corriendo sin muletas por el monte,
trepándose a los árboles, escalando montañas... En vano trataron sus padres de
hacerle entrar en razón:
-Ya no eres ningún niño para seguir con esas locuras –le dijo un día con
verdadera ira su padre-. Te prohibo que vuelvas a mencionar el tema. Tu conducta
nos está trayendo muchos problemas. Todo el mundo comienza a mirarnos feo y
se la pasan murmurando de tu proceder y de nuestra debilidad que te permitimos
seguir con tus locuras. De ahora en adelante, si quieres seguir viviendo en esta
casa, tienes completamente prohibido hablar de eso.
De nada sirvieron amenazas y castigos. El joven no iba a abandonar una
idea que se había adueñado por entero de su vida, y le sembraba chispas de
ilusión en los ojos y le ponía a galopar afiebradamente el corazón. Cuando
corrieron rumores de que el joven había sido sorprendido practicando a
escondidas el caminar sin muletas, comenzaron a preocuparse seriamente las
autoridades de aquel país y, como último recurso, enviaron al sacerdote del lugar
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