asambleas y reuniones.pdf

Vista previa de texto
Responsabilidades y actitudes
varias personas, que es un modo de defensa del grupo frente a algunos de
sus miembros (los directivos, especialmente), o intentar hacerse más fuerte
eliminando a los más débiles. La huída es un intento de sustraerse a la
tarea propuesta y a cualquier dependencia que resulte desagradable
mediante la elusión del conflicto.
3 Emparejamiento. Cuando los individuos tienden a dividirse en parejas o
en subgrupos. El grupo puede estimular y apoyar la formación de parejas
y subgrupos, pero también puede impedirla y censurarla. Cuando se
forman grupitos prevalece un clima optimista, con un sentimiento
dominante de felicidad esperada y de confianza en que estos pequeños
grupos resuelvan mejor los problemas que el grupo grande. Las parejas o
subgrupos pueden formarse espontáneamente, porque quieren defender
unos intereses comunes o porque son propuestas por una persona con
influencia o por una mayoría del grupo.
La dominación en el interior de un grupo, por medio de relaciones afectivas,
puede adquirir algunas de las pautas generales de esas tres dinámicas.
Tenemos que atender a las relaciones afectivas en juego, mostradas en
simpatías y antipatías personales, en gestos corporales agresivos, en señales
de interés con el cuerpo o en querer abandonar el lugar de reunión con
premura injustificada. También la petición de que todo el mundo diga «todo
lo que piensa realmente» parece difícil de asumir si consideramos que existe
un inconsciente grupal, es decir, relaciones afectivas de todo el grupo que
implican la ambivalencia de los gestos, los silencios, los lapsus o el uso
simbólico de las palabras para referirse a esos procesos de dependencia,
peligro y esperanzas.
Tanto la persona que modera como el resto del grupo deben aprender a
acceder a ese nivel afectivo cuando haga falta, «saltando de nivel». La
valoración despectiva a priori de los sentimientos individuales y grupales
será contraproducente para comprender lo que pasa en momentos tensos o
extremadamente relajados, irónicos, divertidos o «cachondos». Por muy
eficaz y fluída que sea una asamblea en el plano consciente, siempre van a
surgir conflictos a un nivel inconsciente. Un caso conocido es cuando una
persona llega a llorar en medio de una disputa dialéctica. Sería totalmente
insensible e imprudente dejar sola a esa persona en esa situación y no darle el
apoyo moral que necesite, caricias, abrazos o acompañarla si se marcha de la
sala evidentemente herida.
Los objetivos conscientes de trabajo, por lo tanto, no pueden aplastar los
sentimentos. Sin embargo, esto puede ocurrir cuando escuchamos frases
como las siguientes: «esto es una empresa y aquí no cuenta para nada lo que
nos guste o no...», «si esa persona se siente herida personalmente es su
problema, nosotros no hacemos terapias de grupo, estamos aquí por una
lucha política y debemos ser responsables con las decisiones colectivas». En
conclusión, si una reunión de grupo no es satisfactoria a nivel emocional, por
muy eficaz que sea el debate, la frustración acabará saliendo por algún lado,
como el vapor de una olla a presión si no estamos pendientes del fuego.
71
Saltar de nivel,
comprender los
sentimientos.
