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La moderación de asambleas y reuniones

Otro criterio para escoger a la persona adecuada para moderar es la capacidad
técnica, las destrezas desenvueltas en su función y que podemos enmarcar en
los siguientes campos:

Capacidad técnica.

— Saber aplicar las diferentes técnicas de organización de reuniones,
según el tipo de reunión de que se trate y adaptar su forma de actuar a lo
que requiera cada circunstancia.
— Conocer los procesos dinámicos del grupo y reconducirlos hacia la consecución de los objetivos. Prestar atención a cómo se da la comunicación, al
clima, a los distintos papeles que se asumen, a la distinción entre argumentos, etc.
— Tener habilidades para la animación, sobre todo para fomentar la participación de todas las personas.
— Saber intervenir oportunamente y con amabilidad y respeto.
Para la elección de la persona que modere debemos tomar en cuenta las
ventajas que presenta el hecho de que éste sea un papel rotativo: que en cada
reunión sea asumido por una persona distinta. Las ventajas de la rotación son,
por lo menos, las siguientes:
— Moderar es también un modo de conocer la dinámica del grupo por lo
que cuanta más gente conozca esta dinámica más fácil será la moderación
y más satisfactoria la reunión. Si todos los participantes aprenden la
práctica de la moderación, tendrán más capacidades para autorregularse.
— Comprobar lo difícil que puede resultar la tarea de moderar es algo que
sólo se encuentra en la propia práctica. Cuando todas las personas pasan
por ese papel y comprueban esta dificultad, está favoreciéndose una
actitud de mayor apoyo y ayuda en reuniones posteriores.
La combinación del criterio de la capacidad técnica y el criterio de la rotación
(en principio, algo contradictorios) tiene múltiples opciones. Puede haber una
dinámica habitual de rotación, pero, para reuniones que se presentan más
complicadas, prima el criterio de la capacitación técnica. También, una vez
que todo el grupo pasó por ese papel, puede estimarse que modere siempre
la misma persona, si se le reconoce que lo hace bien y con sensibilidad.
Hasta ahora siempre hablamos de una única persona en el papel de
moderador, pero a veces es conveniente repartir las tareas con alguna otra. Por
ejemplo, delegar en una figura separada la organización de los turnos de
palabra (tomar nota del orden en que van levantándose las manos e ir
concediendo las palabras) puede repercutir muy positivamente en la atención
del moderador a la dinámica del grupo y a las técnicas a proponer, a ir
tomando nota de las ideas para poder hacer síntesis, etc. En el caso de que nos
inclinemos por alguna opción de este tipo, conviene marcar bien que la
persona que coge el turno de palabras está sujeta a las interrupciones y formas
que la moderadora, más pendiente de la globalidad del proceso, le indique.

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Rotación.