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Asambleas y reuniones
La confrontación
propicia la
producción de
argumentos.
Para garantizar que a la hora de tomar una decisión importante hemos
analizado todos los elementos, todas las alternativas y las ventajas e
inconvenientes de cada una, siempre es positivo realizar una primera fase de
discusión, donde perseguiremos la producción y validación de argumentos.
Si para el momento de tomar la decisión es útil propiciar la cercanía de
posturas de cara a un consenso, para el momento de la búsqueda de
argumentos puede resultar más útil propiciar la confrontación de posturas,
sacar a la luz la polémica y las diferencias existentes. Muchas veces, detrás de
un consenso fácil y rápido, existe un débil análisis de las distintas
posibilidades y pueden tomarse acuerdos poco acertados.
La técnica de confrontación para la generación de argumentos tiene cinco
fases. Pongamos que se trata de una cooperativa de trabajo asociado que
precisa de más trabajadores y trabajadoras.
La primera fase es identificar los tres grupos según se acerquen las
posiciones personales de partida a: contratar asalariados, incorporar nuevos
socios-trabajadores y aumentar la jornada o realizar horas extras entre los que
ya están en la empresa. Cada persona se sitúa en el grupo en el que se sienta
más cercano. En el caso de que existan personas con opiniones ambivalentes
pueden incorporarse en el grupo menos numeroso, sin miedo a tomar parte,
ya que de lo que se trata es de buscar argumentos, el momento de la decisión
será más adelante. De hecho, esta técnica, en la medida en que pueda
asemejarse a un «juego de roles» («yo, aunque piense que hay cosas
favorables en las otras posturas, sólo voy a preocuparme de buscar
argumentos para defender la de mi grupo, poniéndome en ese papel, como si
me lo creyera de verdad...») facilita la distensión y un análisis de los
problemas no tan condicionado por el juego de poder que puede darse en el
momento de la decisión.
La segunda fase es el trabajo de búsqueda de los argumentos principales
dentro de cada grupo. Se trata de generar aquellas razones por las que es
defendible su postura (sea por sus ventajas propias, sea por los
inconvenientes de las otras), con vistas a convencer a los demás grupos.
La tercera fase será la conformación de grupos mixtos, formados cada uno
por tres personas (una de cada opinión o posición), en la que se establece una
primera discusión que tiene por objetivo tantear cuáles son los argumentos
más específicos y matizados de los demás.
Con los datos de este tanteo, cada cual vuelve, en la cuarta fase, a la
reunión con su grupo inicial, donde se perfeccionan los argumentos más
sólidos y definitivos con los que convencer a los demás. Cada grupo elegirá
una persona como portavoz para representarlo en la siguiente fase.
Por fin, en la quinta fase, las tres portavoces establecen la discusión final
en la que despliegan sus argumentos y responden a los de las demás.
La dinámica no está diseñada para llegar a acuerdos, sino para favorecer
la producción y contraste de argumentos. Es decir, para aclarar el significado
y los elementos que sostienen cada postura. Si hay que tomar una decisión,
deberá hacerse en un momento posterior (mejor con un descanso por medio).
Es importante matizar que cuando hablamos de argumentos nos referimos
a aquellos análisis que permiten valorar las distintas posiciones («defiendo esta
postura porque existe esta prueba o esta experiencia que la apoya...») y no a las
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