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En un premio de la lotería, cualquiera tiene acceso a la compra del billete
ganador, pero sólo uno adquiere para cada sorteo, aquel que será premiado.
Aquí no hace falta otro mito que el del azar y sus caprichos. La necesidad de lo
imprevisible. Respecto del éxito, sin embargo, el azar no puede ser la única
explicación posible, ya que la igualdad de condiciones indeterminadas no existe
en ningún momento de la batalla comercial, industrial o laboral; ni existe el álea
que pudiera arrojar resultados sorpresivos. El billete ganador se obtiene sólo una
vez que el premio ha sido repartido. Y cada uno de nosotros debe sentirse
partícipe y fundador del premio que se otorga.
En un trabajo anterior55 propuse la tesis de que el sistema penal es uno
entre tantos ritos de extrañamiento, cuya función no es tanto la de hallar,
castigar y prevenir a los culpables, sino sobre todo, la de identificar por su
exclusión a los inocentes. En el mismo sentido, puede decirse que el sistema del
éxito, por su parte es uno entre tantos ritos de inclusión o asimilación, cuya
función no es tanto la de hallar, reconocer y proteger a quienes han llegado a
determinada posición social, sino la de señalar su naturalidad, su ubicación “al
alcance de la mano” para todos aquellos que posean “realmente” la inquietud de
alcanzarla.
En el caso del sistema penal, se trata de desviar lo extraño del grupo de
pertenencia (inocentes), permitiendo la condena y el castigo de quienes
quedaban fuera de él, y la identificación por contraste, de quienes quedaban
dentro.
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Ver capítulo “Ejemplos Ejemplares” en la Primera Parte de este trabajo.
Comentario: CERUTI, Raúl: “Criminología de la inocencia”, Editorial La Rocca, Buenos Aires, 2005.
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