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lengua) como si fuese una lengua ajena, en lo
oral y en lo escrito (en tanto habla y en tanto
lengua).
La " expresión oral" es entendida y ejercida
muy estrechamente. La pregunta -mecanismo
de control de los alumnos antes que de
indagación de informaciones monopolizada
por el profesor, siendo el esquema preguntarespuesta
el
predominante
en
las
interacciones verbales entre maestros y
alumnos (Edwards, 1988). La pregunta tiene
una única respuesta. Repetir equivale a decir.
No hay espacio genuino para el intercambio,
la expresión y la discusión. No se reconocen
los usos de la lengua que traen los alumnos.
La escuela opera basada en una "norma culta"
que asume como única, punto de partida y
objetivo al mismo tiempo. Las interferencias
entre la norma lingüística escolar y la norma
que trae el alumno son más grandes en el
caso de los alumnos de sectores pobres,
siendo éste un terreno adicional de dificultad
para ellos.
La " expresión oral" está burocratizada en el
sistema educativo, reducida a una clase, a un
tipo particular de actividad,.a un horario
determinado. Se ha ubicado en una
asignatura (lenguaje/literatura), cuando en
verdad atraviesa todo el currículo, como
mediador didáctico y medio de representación
y expresión de emociones, ideas, estados de
ánimo, etcétera. Estimularla y desarrollarla
requiere no únicamente buenas intenciones o
permisividad, sino manejo de determinados
conocimientos y técnicas. La relación entre
autoestima y competencias expresivas es
clara, lo que implica trabajar expresamente
sobre la primera. Por otra parte, la posibilidad
de desarrollar la " expresión oral" está
vinculada al reconocimiento del saber que
portan los alumnos, así como a la revisión de
la rigidez y prescriptividad que priman en la
enseñanza escolar del lenguaje. Los alumnos
deben tener oportunidad y ser estimulados a
explicitar sus concepciones, a narrar sus
experiencias, a exponer sus dudas libremente.
La expresión oral, en definitiva, debería
centrarse en lo que los alumnos saben, no en
lo que deberían saber.
EL LENGUAJE COMO UNIDAD
El lenguaje opera como un todo: el desarrollo
de la capacidad de expresión oral tiene
incidencia sobre el desarrollo de la capacidad
de expresión escrita y a la inversa. Las
competencias lingüísticas (saber escuchar,
saber leer, saber escribir, saber expresarse) -

y no solamente la lectura y la escritura son
definitorias en el éxito o fracaso escolares.
Aprender a leer y escribir fue tradicionalmente
entendido como un problema del primer grado
de la escuela y de los profesores de este
grado. Últimamente, la tendencia ha sido
extenderlo a los dos primeros grados (y al
preescolar, visto como una antesala de la
escuela). No obstante, la alfabetización
debería ser entendida como un problema
(cuando menos) de toda la educación básica,
involucrando a todas las áreas y profesores de
este nivel. El papel de la educación inicial y
preescolar, en particular, no es iniciar
formalmente la enseñanza de la lectoescritura, sino propiciar un clima afectivo y
cognoscitivo que facilite a los niños este
aprendizaje una vez en la escuela (Ferreiro,
1987).
La alfabetización viene siendo encarada como
una cuestión intraescolar, a ser resuelta
internamente por el sistema educativo. Cada
vez más, sin embargo, resulta claro el peso
del contexto familiar y social como elemento
diferenciador
de
las
posibilidades
de
aprendizaje de los niños, sobre todo en la
alfabetización inicial (Ferreiro, 1979), así
como en general; la importancia del contexto
de una sociedad letrada. Evaluaciones de
rendimiento escolar a nivel primario en el área
lenguaje revelan que la capacidad de
expresión
escrita
de
los
niños
está
predeterminada por la cultura lingüística de
sus familias y que la acción pedagógica -tal y
como ésta se da en el sistema actual- tiende
más bien a consolidar el punto de partida
antes que a crear un nuevo ordenamiento en
el saber lingüístico (CEPAl, s/f). Así, no son
sólo las políticas escolares, sino las políticas
culturales y sociales las que, en su conjunto,
deben revisarse para asumir la problemática
de
la
alfabetización
en
el
mundo
contemporáneo. Una renovación profunda de
las prácticas intraescolares requiere apoyarse
y estimularse desde una nueva comprensión
social del lenguaje y sus usos y de la
comunicación humana en sentido amplio.
Velar por un aprendizaje y un uso efectivos y
significativos de la lectura y la escritura y
mejorar la “expresión oral” de los alumnos,
supone una revisión completa y compleja de
las competencias lingüísticas, lo que a su vez
implica incluir elementos fundamentales de
educación lingüística en la formación del
profesorado.

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