propositos.pdf

Vista previa de texto
La escuela ha puesto el acento sobre la lengua
escrita (leer y escribir) antes que sobre la
lengua oral (escuchar y hablar), bajo el
argumento de que la primera tiene mayor
complejidad y requiere mayor sistematicidad
en el aprendizaje. Sin embargo, siendo ésa la
misión escolar por excelencia, el fracaso
alfabetizador de la escuela es un hecho
crecientemente reconocido y documentado. El
llamado "analfabetismo funcional" tiene sus
raíces en dicho fracaso. Entre la inoperancia
de la escuela y el avance arrollador de los
medios audiovisuales, la batalla por la
alfabetización ha empezado a adquirir perfiles
dramáticos.
Lectura y escritura, en el medio escolar, han
perdido su función social cobrando autonomía
como un conocimiento que sirve a los fines
internos de la instrucción escolar: la escuela
está formando lectores de probeta, redactores
de tareas escolares. La conexión con el mundo
real -leer fuera del libro de texto, del aula- se
ha perdido. "Restituir a la escritura su
carácter de objeto social es una tarea enorme,
que de por sí crea una ruptura con las
prácticas tradicionales y con las disputas
didácticas tradicionales" (Ferreiro, 1987).
Dentro del esquema global de incomprensión
que está instalado en el aparato escolar (la
incomprensión como norma en la relación del
alumno con el sistema), la incomprensión
lectora ocupa un lugar destacado. En la
medida que " leer" es entendido básicamente
como una actividad de desciframiento, los
alumnos son entrenados en la habilidad de
descifrar antes que en extraer significado de
lo que leen. Educar en la comprensión lectora
implica educar en la comprensión en general,
estimulando el desarrollo de las capacidades
para recibir, interpretar, discriminar y juzgar
la información recibida, base fundamental de
todo pensamiento analítico y crítico. De
hecho, educar en la discusión es aconsejado
como una de las mejores estrategias para
mejorar la comprensión lectora (Alvermann,
1990).
Algunos estudios muestran que los materiales
de lectura influyen en dicha comprensión.
Investigaciones hechas sobre la llamada
memoria de prosa afirman que "la adquisición
de conocimientos a partir de un texto escrito
es producto de potencialidades de ese texto
para activar esquemas o marcas conceptuales
disponibles en la mente de los individuos"
(García Madruga, 1986). La organización
estructural del relato, el hilo argumental de
una historia, etcétera, tienen incidencia
64
importante
en
la
comprensión
lectora
(Langford, 1989). Vale decir, hay textos más
aptos
que
otros
para
ser
leídos
comprensivamente por un niño, un joven, un
adulto. En este sentido, no sería exagerado
afirmar que los peores enemigos de la lectura
son los textos escolares y, en particular, los
diseñados para enseñar a leer y acompañar a
niños (y adultos) en sus primeras lecturas.
Los textos escolares ocupan un estatuto
específico dentro de la producción editorial:
no se les aplican los mismos criterios, no se
demanda de ellos las mismas calidades. La
"literatura infantil" es considerada ajena al
ámbito escolar, cuando la principal y mejor
literatura infantil debería producirse para su
uso en el sistema educativo y los mejores
escritores ponerse a escribir para la escuela.
Los criterios comerciales, en el marco de
débiles criterios pedagógicos tanto por parte
de quienes ofrecen como de quienes
demandan, terminan imponiéndose (Ochoa,
1989).
Crecientemente viene enfatizándose el uso del
periódico como herramienta educativa, como
objeto de lectura crítica. En ello confluyen la
preocupación de los productores de periódicos
por los bajos niveles de lectura que
caracterizan hoy a las nuevas generaciones y
la preocupación en torno a los malos
rendimientos académicos y los bajos niveles
de comprensión lectora que vienen resultando
del sistema escolar (ANPA, 1984). Esta
posibilidad, todavía poco explorada y probada
en
América
Latina,
abre
alternativas
interesantes permitiendo la posibilidad de
contenidos diversos y actualizados, el puente
con la lectura en el mundo real, etcétera. La
recurrentemente mencionada necesidad de
lectura crítica de textos y, en particular, del
periódico, requiere hacerse usando el propio
periódico como objeto de lectura en el aula
(Torres, 1992).
LA EXPRESIÓN ORAL
La llamada expresión oral corresponde a una
de las cuatro destrezas del lenguaje -hablar-,
destreza que los niños manejan al entrar al
sistema escolar. Sabemos ya, por otra parte,
que los niños se inician en el aprendizaje de la
lengua escrita mucho antes de iniciar su
proceso formal de escolarización (Ferreiro,
1979; Ferreiro, 1982). De lo que se trata más
bien es de enriquecer la lengua oral que ya
poseen (y de introducirles al aprendizaje
sistemático de la lengua escrita). El sistema
escolar tiene problemas para reconocer todo
esto: enseña a los niños la lengua (su propia
