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descubrirse
al
analizar
la
cambiante
problemática económica, política y cultural del
mundo global izado que nos ha tocado vivir y
que seguramente va a acentuar sus
características en el futuro cercano.
Hay exigencias explícitas que la sociedad hace
al sistema educativo que son ya bien
conocidas, porque existen prácticamente
desde que se constituyen los sistemas
educativos modernos. Otras, en cambio, son
novedosas.
Entre las ya conocidas se encuentra la función
de constituir un mecanismo, si no es que el
mecanismo por excelencia, de permeabilidad
social. Para cumplir con esta necesidad social,
es necesario que los sistemas educativos se
propongan lograr resultados de aprendizaje
equivalentes entre grupos de alumnos de
orígenes sociales diversos. De otra forma, la
educación actuará más como reproductora de
las
desigualdades
sociales
que
como
promotora de la movilidad social ascendente.
Ha sido objeto de la investigación sociológica
explicar por qué es difícil que en las
sociedades actuales los sistemas educativos
cumplan esta función. No obstante, la
sociedad sigue demandando y esperando que
la cumpla.
Otra importante necesidad social que la
sociedad espera que cumplan los sistemas
educativos es la de calificar la fuerza de
trabajo que el país necesita. Se ha venido
demostrando que, ante la incertidumbre del
mercado de trabajo, y ante los acelerados
cambios tecnológicos y en la organización de
la producción y de la oferta de servicios,
carece de sentido que los sistemas educativos
se propongan formar para puestos específicos.
Más bien, se indica con claridad, lo que se
requiere es que la escuela forme en las
habilidades fundamentales y en los procesos
de razonamiento superiores, de forma tal que
el sujeto se adapte a un mundo del trabajo en
continuo movimiento, aprenda rápidamente, y
en gran parte por cuenta propia, lo que este
mercado le exigirá y mantenga la flexibilidad
para ir propiciando, a la vez, su adaptación a
los cambios que seguirán suscitándose. Así,
para cumplir con esta necesidad de la
sociedad, regresamos a las exigencias
curriculares que mencionamos para el caso de
las necesidades sociales de los individuos. La
sociedad sigue pensando que la educación
debe asegurar el empleo.
Sin embargo, los conocedores saben que no
es así, que la educación no tiene el poder de

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aumentar las oportunidades de empleo, y esto
tiene que ver con variables de naturaleza
estructural
y
cada
vez
más
con
determinaciones globales.
El célebre documento CEPAL-UNESCO (1992)
le asigna a la educación dos funciones. La
primera, que de hecho expresa esta última, es
la
de
formar
para
la
competitividad
económica.
Pero
el
documento
citado
reconoce que no son ni los individuos ni las
empresas individuales las que, están llamadas
a competir, sino los países, y en el concierto
de
naciones,
sólo
podrán
competir
económicamente los países que distribuyan
adecuadamente su ingreso y que se gobiernen
en forma democrática. Esto segundo, como
bien sabemos, no depende de las políticas
educativas ni de la forma como se comporte la
escuela y el docente, sino del modelo de
desarrollo económico y del conjunto de
políticas sociales que van conformando el
rumbo hacia un determinado proyecto de
nación.
No obstante, en la medida en que la escuela
forme efectivamente y con calidad para la
adaptación
al
empleo,
mejorará
la
competitividad de los sujetos en un mercado
de trabajo que tiende a comportarse cada vez
más en forma restringida.
La tercera necesidad social convencional con
relación a la escuela es la socialización de las
nuevas generaciones. Este es, históricamente,
el primer objetivo explícito de la educación
pública, y la sociedad aún espera que la
escuela
lo
cumpla.
Efectivamente,
la
educación pública es, sin lugar a dudas, el
servicio idóneo para transmitir los valores
nacionales y culturales, la historia de la nación
y el ideal de la misma, la forma de gobierno
que nos hemos dado y las leyes que lo rigen,
la forma como la generación adulta desea que
la generación joven piense, juzgue y se
comporte. Éste es el objetivo que tiene que
ver con la formación en valores, que en la
actualidad adquiere renovado impulso, pero
que como aspiración de la sociedad respecto
de la función de la escuela es tan antigua
como la escuela misma. Lo novedoso es que
hoy en día, ante una crisis de valores que
comienza a mediados de siglo, pero que
continúa y se exacerba, la sociedad le pide a
la escuela que renueve sus esfuerzos. La crisis
se manifiesta en diversas formas: la falta de
respeto a la vida, narcotráfico, corrupción de
funcionarios y empresarios, deshonestidad,
delincuencia, crimen organizado. En países
como el nuestro la crisis no sólo de valores,