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CREENCI A S A
MEDID A
vez de un sombrío edificio, un carismático pastor vestido
como pueden estarlo los asistentes en vez de vestir un ropaje anticuado, música moderna en vez de cantos en latín
acompañados de un antiguo órgano, además de que el espacio institucional ha vuelto a ser un espacio de sociabilidad y
hasta de entretenimiento que la iglesia católica ya no es, si es
que alguna vez lo fue. Y es que el consumidor de religiones
moderno es más exigente, ya no se contenta con la antigua
estética del cristianismo y precisa de la variedad de las góndolas para poder “elegir”, de hacer valer su libertad como
consumidor…
“No debemos hacer la menor concesión ni al dios
de la teología ni al de la metafísica porque en ese
alfabeto místico, el que comienza por decir A deberá
fatalmente acabar diciendo Z, y el que quiere adorar
a dios debe, sin hacerse ilusiones pueriles, renunciar
bravamente a su libertad y a su humanidad.”
Mikhail Bakunin, “Dios y el Estado”.
Esto explica porque muchos católicos se pasan a estas iglesias protestantes. Es más bien el peso de la imagen que una
renuncia a aquella otra rama de su creencia. Como siempre
en religión, primero se elige y luego se buscan los argumentos. No es que los conversos primero comiencen a dudar del
culto mariano y se empieza a ver en el protestantismo una
posibilidad, primero se asiste al mismo templo que el vecino
y ya no queda más opción que dudar del culto mariano y
abandonarlo. Este culto reconoce la maternidad virginal de
María sobre el tal Jesús, entonces no es casual, que por ejemplo en EEUU las apariciones de la virgen se incrementaron
en los años de la invasión de templos evangélicos, casualmente dando un mismo mensaje: “quienes me niegan son
falsas religiones”, publicidad divina…
“Así, la idea de Dios, resucitado, reajustado, y
ampliado o reducido, de acuerdo a la necesidad
de la época, ha dominado la humanidad y seguirá
haciéndolo hasta que el hombre levante la cabeza
hacia el día soleado, sin miedo y con la voluntad
despierta hacia el.”
Emma Goldman, "La Filosofía del ateísmo".
En viejos textos revolucionarios se repite una expresión de
deseo, más que un análisis social: “cuanto más avanza nuestra sociedad las masas abandonan la religión”. Pero las masas
vienen, hasta el momento, abandonando la clásica idea de
religión para abrazar otras formas más adecuadas a su época, más concretamente a las actuales formas de producción.
La “actualización” del sistema capitalista da paso firme a la
“actualización” de la religión, es decir cambios de apariencia
acordes a las reglas estéticas actuales, edificadas sobre las firmes y antiguas bases.
Por otro lado la religión aparenta des-institucionalizarse para
ofrecerse libremente en un mercado caracterizado por una
"amplia variedad" de ofertas.
Quien ignore que la Iglesia es una institución de la burguesía
podrá suponer que estos nuevos cultos "sin institución", "sin
líderes" son una buena alternativa, ya que aparentemente
"nadie se enriquece con nuestras creencias". No son visibles
los vaticanos llenos de oro o los pastores de cualquier rebaño
religioso en sus lujosas mansiones. Se puede suponer, pero la
realidad es lo que es: el beneficiario directo de estas creencias y sus respectivas prácticas es la burguesía, que el modo
de beneficio posea algunos otros intermediarios poco modifica el asunto. Alrededor de todas estas creencias "New age"
hay grandes empresas editoriales, de turismo, productoras
y medios de comunicación que viven de ello. Cumpliendo
además la importante tarea de canalizar de manera individual, y no-revolucionaria, ese deseo y la necesidad de una
mejor existencia en este mundo. Esta es la base de toda esa
bolsa de gatos llamada “auto-ayuda”, donde se reciclan nociones de todas las religiones existentes, de la física, del sentido
común, o la ciencia ficción. Hija directa del capitalismo la
denominada “auto-ayuda” es una farsa desde su nombre,
el prefijo “auto” está de adorno, y su aspecto más dañino
es que presenta las dolencias ocasionadas por la dinámica
de la actual sociedad como problemas no solo individuales sino con razones que hasta pueden estar fuera de este
mundo (como vidas pasadas o el karma18). Y una vez más
Sorprende que la predisposición a remplazar la palabra “religión” por otras como “filosofía”, “culto”, o “estilo de vida” es
amplio, mientras que con el término “dios” sucede lo contrario, no hay disposición a abandonar esa vaga nomenclatura, mas si su significado.
Solo unos pocos agnósticos intensamente teístas trasladan
las cualidades de dios a lo que denominan “naturaleza”, esta
tendría la personalidad de un individuo occidental de nuestra época y tomaría revancha por los desastres ecológicos o
nos premiaría por cuidarla. Nuevamente, una entidad tan
grande y satisfecha como dios o “la naturaleza” necesita de
la admiración de unos simples mortales. Pero la naturaleza
no premia ni castiga, la naturaleza no es benévola ni cruel,
es indiferente, si cabe la expresión. Sino ¿por qué se han extinguido los dinosaurios? ¿Le habían hecho el mal a alguien
acaso o es que no conocían métodos de culto y veneración?
Volviendo a lo terrenal. La proliferación de templos evangélicos en los países occidentales no es una casualidad, esta
modernización del aspecto institucional del cristianismo
responde a una necesidad de mercado. En su gran mayoría
expresan una especie de “satisfacción inmediata o le devolvemos el dinero” de otros productos, con excepción de la parte
de la devolución, claro. No han abandonado la creencia en
el Cielo y el Infierno, pero ofrecen al impaciente creyente de
nuestros días soluciones más rápidas para aliviar el camino
a esos misteriosos reinos (“¡Pare de sufrir!”). Sus ceremonias
se parecen más a un show que a una misa, hay en la medida
de lo posible un largo escenario con luces de colores en
21
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Llevando la lógica del karma hasta sus últimas consecuencias
podremos escuchar a un devoto de la conciencia de krishna o a un yuppie
espiritual que ante el abuso sexual de un niño no debemos intervenir de
ninguna manera, ya que este niño en su vida pasada seguramente fue
un abusador (¡!). Reproduciendo la abstención ante la dinámica social, la
resignación y la sumisión, en espera de una naturaleza que retribuye a los
actos de cada individuo.
