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las cuestiones en un plano social
para combatir dicho método.
todos los cambios tienen solución en la voluntad particular
del individuo. Relativizando también la existencia al nivel
de considerar que cada uno tiene la posibilidad de modificar
su entorno de acuerdo a su fuerza espiritual. Si hasta uno de
los adinerados escritores de best-seller y dueño de “centros
de bienestar” llamado Deepak Chopra predicaba en plena
guerra capitalista en Medio Oriente (y era re-trasmitido por
TV a todo el mundo) que la paz es cuestión de cada uno,
que quien desee tener paz la puede tener aunque se encuentre en medio de un bombardeo ¡eso es egoísmo, descaro y
maldad hacia la especie humana y la Tierra! El imbécil este,
al igual que otros ciudadanos absorbidos por la lógica moderna, nos dice: “Si tu y yo demostramos que la paz es más
satisfactoria que la guerra, la conciencia colectiva cambiará.
Mientras más gente se nos una, más rápido llegará la guerra a su final. En vez de desear que otros dejen de matar,
tu puedes convertirte en una fuerza para la paz, y de esta
manera hacer la máxima contribución”. Es triste analizar lo
común que tiene este tipo de discurso con tantos otros que
se escuchan, y no solo dentro del “New age”: la propuesta de
cambio por absorción más que por ruptura (¡verdadero dogma contra la importancia de la revolución!)19, los problemas
sociales como molestias morales más que asuntos materiales,
el voluntarismo individual como determinante tanto de “lo
bueno” como de “lo malo”.
Nos guste o no, la mayoría de las personas muestran un
gusto por argumentar con lo particular, con su yo anecdótico. De ahí nuestra “obsesión” por intentar comprender
19
Los “nuevos” modelos presumidos anti-capitalistas proponen
un cambio gradual donde la revolución ya no sería posible ni deseable. En
el seno, o quizás en la periferia, de esta misma sociedad comenzarían a ensayarse proyectos de vida no-capitalistas (¿cómo? es imposible de explicar)
sostenibles, decrecentistas, autogestivos, etc, etc. En fin, las renuncias a la
posibilidad de una revolución como ruptura con la sociedad existente y
la realización de una mejor vida dentro de este sistema vuelven a aparecer
en otro formato. La esperanza de un proyecto marginal que terminaría
por absorber la sociedad toda, o la vieja ilusión de tomar los medios de
producción y la economía en manos de buenas personas racionales y calculadoras para torcer el rumbo maligno.
Es importante remarcar nuevamente, no sólo para este Cuaderno sino para el resto de nuestras
publicaciones, que cuando nos
referimos al antagonismo entre
burguesía y proletariado no nos
estamos refiriendo a relaciones
sociales entre un individuo y otro,
estamos refiriéndonos a clases sociales que existen justamente en
su relación, en su antagonismo.
Por lo cual, debe comprenderse
que no es un burgués que explota a unas decenas de proletarios
aislados, o unos proletarios aislados que pueden acabar con la
burguesía o simplemente mantenerse al margen de la lógica capitalista. Son condiciones globales
las que permiten la explotación burguesa y no permiten,
justamente, lograr apartase de ella20.
Dios murió, dice Nietzsche. Nietzsche murió, dice
dios. Y particularmente lo dicen sus novísimos
profetas, curiosamente todos economistas y teóricos
de la gestión. (...) las comunidades religiosas
comenzaron a economificarse con una determinación
endiablada. Las grandes iglesias se consideran cada
vez más como prestadoras de servicios en las cuestiones
de dar sentido a la vida, vender consuelo y consejos
edificantes como McDonalds vende hamburguesas
o Beate Ushe lencería provocativa. Y las tenebrosas
sectas evangélicas, que a partir de los EEUU llevan
sus misiones al tercer mundo, se organizan como
conglomerados transnacionales, en lo que por cierto
se asemejan a la organización terrorista Al Qaeda.
Por todos lados las congregaciones son objeto de
racionalización, como la Volkswagen, y se exploran
los mercados de la fe, tal como los mercados de tabletas
de chocolate o de minas anti-personales. El marketing
es todo en un mundo que ha conseguido transformar
incluso a dios en una mercancía y resucitarle del
sepulcro como cadáver ambulante.
De este modo, después de que la religión se haya
amablemente economificado y se haya lanzado a los
brazos del espíritu de la época, ahora los economistas
se apuran en convertir, con igual delicadeza, su
materia en religión. Se acuerdan con gratitud del
estudio de Max Weber publicado en 1905 sobre la
conexión interna entre capitalismo y protestantismo,
aunque piadosamente incluyan en la benevolencia
político-económica también el catolicismo y la
religiosidad en general.
Robert Kurz, "La resurrección
economística de la religión".
20
Cuadernos de Negación nro.4, “Proletariado: algunas otras aclaraciones”.
