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Aunque liberarse individualmente del peso de dios puede
ser el comienzo de una larga serie de cuestionamientos, o un
fuerte proceso que acompaña a otros no menos importantes.
No lo ofrecemos como solución, jamás propondríamos soluciones individuales a problemas sociales, o muchos menos
sanaciones para el alma. No desaparece la sumisión humana
ni la ignorancia social, es cierto, aunque en la práctica inmediata se pueden percibir los cambios de quitarse de encima
el peso muerto de muchas creencias religiosas, se siente liberador y entusiasmante, puede ser en un buen impulso para
proseguir en la lucha por cambiar las condiciones sociales
existentes. Además de que se corta, si, un eslabón de la cadena de transmisión de la religión.

“La acción y la reacción incesante del todo sobre cada
punto, y de cada punto sobre el todo constituyen, he
dicho, la ley general suprema, y la realidad misma de
ese ser único que llamamos el universo y que es siempre,
a la vez, productor y producto. Eternamente activo,
omnipotente, fuente y resultante eterna de cuanto
es, de cuanto nace, obra, reacciona, después muere
en su seno, esa universal solidaridad, esa causalidad
mutua, ese proceso eterno de transformaciones, reales,
tan universales como infinitamente detalladas, y que
se producen en el espacio infinito, la naturaleza, ha
formado entre una cantidad infinita de otros mundos,
nuestra Tierra, con toda la escala de sus seres, desde los
más simples elementos químicos, desde las primeras
formaciones de la materia con sus propiedades
mecánicas y físicas, hasta el hombre. Los reproduce
siempre, los desarrolla, los nutre, los conserva; después,
cuando llega a su término, y a menudo antes de que
llegue, los destruye o, más bien, los transforma en
nuevos seres, y entre los seres vivientes no hay uno solo
que no lleve en sí sin duda más o menos desarrollado,
el sentimiento, la sensación de esa influencia suprema
y de esa dependencia absoluta. Esa sensación y ese
sentimiento son lo que constituye el fondo de toda
religión.”

A menudo se repite un facilismo, que pocos han reparado
en corroborar: “las personas creen en dios porque temen a la
muerte”, sea cierto o no, no es un motivo para desperdiciar
la única vida que conocemos en cosas tan tontas como la
religión.
En nuestras arraigadas concepciones afirmamos, además,
que muerte es la ausencia o lo contrario de la vida, precisamente de vida humana, y más precisamente aún la mía o
de mis cercanos. Pero podemos concebir la acción de morir como la opuesta a nacer, y a la vida como un continuo
del cual en algún momento somos parte, en lugar de una
propiedad individual. Entonces habría vida “después de la
muerte” y antes también, porque está nunca ha deja de manifestarse y no desaparecerá con el fin de nuestra existencia
individual. Lo cual es ya un gran motivo para valorar esta
existencia que conocemos, y que para ser vivida plenamente
merece ser cambiada.

E X TR A Ñ A CI Ó N Y
M U TI L A MIENTO
Para nuestros antepasados la "simpleza" de la naturaleza fue
incomprensible y atribuyeron a dios una cantidad de fenómenos hoy fácilmente explicables. Pero hoy mismo también
la complejidad socio-política-económica nos deja desprovistos de certeza, en la misma situación que nuestros antepasados y no se sabe a que atribuirlo o peor aún: no interesa, las
cosas simplemente están allí. En definitiva la comprensión
de lo que nos rodea se sigue escapando y está por fuera de
nuestro alcance.
Se nace, se sobrevive y se muere en un mundo que se ignora,
se confunde el azar de los fenómenos naturales con el azar de
los mercados y se establecen los mercados como fenómenos
naturales, como si siempre hubiésemos vivido así. La incertidumbre del salvaje hoy nos llega en forma de incertidumbre
económica, no sabemos si mañana tendremos empleo o no,
si el dólar sube o baja, o cuando terminará la crisis. Nos
sentimos desprovistos de poder marcar el rumbo de nuestras
vidas por dios o por las fuerzas del Capital…
“Los burgueses ganan y pierden capitales por efecto
de acontecimientos que ignoran, que escapan a toda
previsión y a todo cálculo, y que parecen depender

Mikhail Bakunin, “Consideraciones filosóficas”.

En este sentido somos atraídos por la religión, aunque sea
para combatirla y para superarla. Tal como a Bakunin, la
religión nos parece un tema sumamente importante, aunque
seamos atraídos a ella negativamente6…
exclusivamente del azar. En la
sociedad burguesa reina lo
imprevisto, lo mismo que en
una casa de juego.
(...) Todos los actos de
la vida civilizada, o
casi todos, tienden
a desarrollar en el
hombre el hábito supersticioso y
místico propio del
jugador de profesión. El crédito,
por ejemplo, sin el
cual no es posible el
comercio ni la industria, es un acto
de fe al azar, a lo
desconocido que
hace quien lo presta, pues no tiene
ninguna garantía
positiva de que al
vencimiento podrá
cumplir sus com6

Ángel Cappelletti, “Origen y naturaleza de la religión”.