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DERECHOS, DEBERES Y LIBERTADES
“El derecho humano de la libertad no se basa en la vinculación entre los hombres sino, al contrario,
en su aislamiento. Es el derecho de este aislamiento, el derecho del individuo restringido,
circunscrito a sí mismo.”
Marx, “Sobre la cuestión judía”
El reflejo jurídico de este mundo material, paraíso
terrenal de los derechos del hombre y del ciudadano,
es el conjunto de leyes, decretos y contratos, donde se
garantiza la libertad, igualdad y la posibilidad de acceso
a la propiedad. En este “paraíso”, el ser humano
imagina a Dios a su imagen y semejanza, pero
depurado de sus contradicciones. El Capital también
imagina su reinado “eterno y perfecto”, en base a
afirmar sólo el aspecto de su sociedad que él mismo
considera “positivo”, depurándolo completamente de
sus aspectos antagónicos.
Los derechos humanos, las garantías y demás artificios
de esta sociedad es cierto que de algún modo y en
ciertas ocasiones pueden salvarnos de entrar a la
cárcel o nos permitan ciertas libertades, pero siempre
como ciudadanos, como parte de esta sociedad
mercantil. Por ello, no necesitamos más libertad sino
otra libertad, no necesitamos más derechos o más
justicia, sino una comunidad donde estos sean
innecesarios u obsoletos. No son necesarios más
libertad de prensa, más derechos humanos, más
permiso de huelga, más juicios y castigos, pero
tampoco
es
necesario
menos
que
eso,
¡Necesitamos aún más, pero distinto!
Necesitamos, entonces, luchar por un
mundo en donde estos mecanismos
sean obsoletos.12
Negando, no para anular las necesidades
que hicieron posibles estas expresiones
(la necesidad de organizarse para luchar,
de comunicarse etc, etc), sino superándolas con formas
no recuperables por parte de la clase dominante.
“El odio a la injusticia va dirigido,
entonces, a la proporción en que son
distribuidos los bienes materiales y los
derechos. El odio a la injusticia social
lleva a proponer una sociedad "más
justa" (o sea, menos injusta) o a una
sociedad "justa" donde cada uno tenga
12
Con esta afirmación, de ninguna manera nos referimos a
renunciar a la acción legal cuando un compañero está preso
o procesado, o a formarse sobre herramientas legales, lo que
hacemos es señalar los límites, para luego no salir a gritar
con sorpresa que se están violando nuestros derechos, o
reclamar legalidad en un lenguaje pseudo-revolucionario. Lo
volvemos a repetir: No queremos menos que aquello,
queremos más, mucho más.
Lo mismo sucede con el pedido de endurecimiento de las
leyes: artimañas legales como “traición a la patria” o
“sedición” pueden servir para juzgar a los milicos de la última
dictadura cívico-militar, pero servirán más y mejor cuando
deban juzgarnos a nosotros por “terroristas”. Cuando abran
las puertas de las cárceles ya sabemos quiénes son los que
nunca entran y quiénes los que nunca salen…
exactamente la misma proporción de
bienes y derechos. El rechazo de la
injusticia y la exigencia de justicia, si bien
pueden ser progresivas históricamente
dependiendo de su contenido y su
contexto, no escapan a la sociedad de
los individuos privados, propietario cada
uno de ellos de bienes y derechos.”
Ricardo Fuego, Tesis sobre la justicia13
Este odio a la injusticia, que no tan instintivo como
civilizado, expresa justamente una necesidad que
deberá romper con los límites del Derecho, no sólo
como expresión de una realidad deseable donde las
leyes burguesas no existan, sino en la necesidad de la
lucha por conseguirla
Si bien la burguesía nos domina mediante la
explotación, y con ello se genera una continuidad de
asuntos como la alienación, la incontrolable dinámica
económica, etc, un fuerte aspecto de lo que
podríamos señalar como su dominación radica en el
impedimento de la constitución del proletariado en
fuerza autónoma, diluyendo nuestra clase en el
ciudadano libre con sus derechos
y sus deberes, en esa igualdad
que lo neutraliza, ya que sólo es
igual a todos en tanto que
productor,
consumidor
y
votante14. Entonces, los derechos
existen y se respetan siempre y
cuando abdiquemos a la posibilidad de hacernos
cargo y responsables de la plenitud de nuestra
libertad. Es decir, esta renuncia es a favor de
mantener el precario orden del Capital… si llegamos a
insubordinarnos, entonces los derechos -en homenaje
a las libertades del Capital- garantizarán la
aniquilación de cualquier fuerza insurrecta.
No es en vano subrayar que lo ilegal, lo prohibido y
hasta lo moralmente incorrecto, cambia según la
época y el lugar. Por ejemplo, una tranquila
manifestación callejera que hoy puede estar
“permitida”, ayer podía ser considerada subversiva, y
acciones que hoy pueden ser consideradas una
“locura”, en otro contexto estaban muchísimo mas
“aceptadas” por el resto de los oprimidos.
13
Texto completo en: www.cai.xtreemhost.com
Igual a los demás productores, a la hora de presentarse al
mercado de venta de su fuerza de trabajo. Igual a los demás
consumidores, cuando la lógica capitalista ha estandarizado
sus productos para poder venderlos masivamente. Y como
votante, cuando su secreto voto vale y cotiza lo mismo que el
de los demás votantes.
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