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Extracto del texto “El delito y la pena: Acercamiento desde la
teoría anarquista” escrito por Leticia J. Vita y publicado en el
libro “El anarquismo frente al derecho” . Al cual nos permitimos
hacerle algunas notas críticas, las cuales están señaladas como
notas propias de esta edición.
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EL DELITO Y LA PENA
El delito
"Todos los ilegalismos que el tribunal codifica como infracciones, el acusado los reformuló como la
afirmación de una fuerza viva: la ausencia de hábitat como vagabundeo, la ausencia de amo como
autonomía, la ausencia de empleo del tiempo como plenitud de los días y de las noches.”
Michael Foucault, “Vigilar y castigar”

Hablar de delito implica hablar antes de ley. No hay delito sin ley previa que haya sido quebrantada, ley emanada de
un Estado que se define por el monopolio de la coerción que le permite imponer un orden jurídico determinado. En
esta línea, una de las cuestiones que más ha interesado a la literatura jurídica, especialmente a sus vertientes
sociológicas, ha sido la cuestión de los motivos que llevan al hombre a delinquir. Muchas -y de las más variadas
implicancias- han sido las respuestas.
Desde el anarquismo, y en consonancia con los postulados generales básicos de su concepción sobre la propiedad y
el Estado, se ha dado una respuesta muy contundente sobre el origen de la delincuencia. Las causas del delito no
las debemos buscar en el individuo que comete un delito sino en la sociedad. Es la sociedad y su sistema
capitalista y excluyente el que genera el quiebre social necesario para que alguien delinca. La mayoría de los delitos
está constituida por delitos contra la propiedad. (…) Esta última afirmación pretende acabar con las posturas
conservadoras que prefieren encontrar las causas del delito en cualquier otro lado. Una de las más conocidas es la
teoría positivista del italiano Ezechia Marco Lombroso (más conocido como Cesare Lombroso), que cree ver las
causas de la criminalidad en la conformación física de los individuos11. Piotr Kropotkin, en “Las prisiones”, lo critica
cuando aquél afirma que la sociedad debe tomar medidas frente a quienes presentan los “signos físicos” de la
delincuencia. Es posible -dirá- que las enfermedades favorezcan la tendencia hacia el crimen, pero de ninguna
manera podemos inferir de ello que sean la causa de los mismos (…)
El quiebre en la solidaridad social, que provoca una reacción anómica en gran parte de los marginados sociales, es
producto puro del individualismo propietario característico de la sociedad moderna. El crimen es fruto de una
determinada relación de clases, no es algo inherente a la condición humana. Tampoco puede escapar a la razón -no
sólo anarquista- que la mayor parte de los delincuentes provengan de un determinado sector social:
“…El crimen no es una virtualidad que el interés o las pasiones hayan inscripto en el corazón de todos
los hombres, sino la obra casi exclusiva de determinada clase social; que los criminales, que en otro
tiempo se encontraban en todas las clases sociales, salen ahora casi todos, de la última fila del orden
social”.
Michel Foucault, “Vigilar y Castigar”

Podríamos preguntarnos acaso si la opulencia exuberante que convive con la pobreza de manera cotidiana en
nuestras ciudades no es causa suficientemente generadora de la violencia y quebrantamiento social. (…)
Realizado por el Grupo de estudio sobre el anarquismo y editado por Libros de Anarres, en su colección “Utopía Libertaria”,
disponible para descargar, junto a toda la colección en: www.quijotelibros.com.ar/anarres.htm
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Uno de los ejes más difundidos de la obra de Lombroso es la concepción del delito como resultado de tendencias innatas, de
orden genético, observables en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes habituales (asimetrías craneales,
determinadas formas de mandíbula, orejas, arcos superciliares, etc.) Lombroso, C., El delito. Sus causas y remedios (traducción de
Bernaldo Quirós, Ed. Victoriano Suárez. Madrid, 1902). También vale la pena ver Los anarquistas, que contiene un estudio, parcial
y tendencioso, sobre los anarquistas, publicado hace años por Cesare Lombroso (1835-1909), y la refutación, aplastante y
definitiva, que al mismo hiciera a su tiempo el inteligente y conocido escritor anarquista español Ricardo Mella (1861-1925).
Lombroso, C. y Mella, R., Los anarquistas (estudio y réplica), La Protesta, Buenos Aires, s/f.
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