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La búsqueda de una solución de fondo a las necesidades humanas, contiene en sí misma la necesidad de destruir
esta sociedad de opresión. La generalización de aquellas reivindicaciones humanas, no canalizadas por el
reformismo, son los estallidos sociales que prefiguran la revolución.
La defensa proletaria de las condiciones de vida es a su vez ofensiva cuando se asume de manera autónoma
y a través de la acción directa, e indefectiblemente está ligada con la lucha revolucionaria -futura si se
quiere, pero lucha revolucionaria al fin-.
Pero fuera de esos momentos excepcionales, cuando globalmente se impone la contrarrevolución respondiendo a
cada reivindicación con una reforma para que todo siga igual, siguen existiendo personas con anhelos
revolucionarios, por más o menos claros que sean. Su práctica concreta se mantiene dentro de los límites de su
tiempo, pero con perspectivas de avanzar.
Publicamos a continuación fragmentos (con algunas precisiones nuestras) de una discusión en el foro del sitio web
anarkismo.net, lugar donde suele expresarse, a excepción de alguna acertada crítica, lo más rancio del anarquismo
mundial. No hace falta contextualizar el debate para comprender estas posiciones que asumimos, junto con el
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compañero que lleva adelante el sitio Comunización , quien las han publicado. Sin embargo la discusión completa y
el texto que da pie a esto puede encontrarse en: http://anarkismo.net/article/13596
“La perspectiva revolucionaria sólo será asimilada por las masas cuando éstas actúen revolucionariamente; mientras
tanto, enunciarla sirve para evitar que se extinga, para ayudar a crear lazos entre minorías que compartan una visión
de lo que la revolución significa. (…) La entereza personal y colectiva consiste en poder asumir esto sin renunciar a
participar e intervenir en la vida social. Actuar dentro de los límites actuales es obligatorio, pues nadie puede
preciarse de ‘revolucionario’ si da la espalda a esas necesidades prácticas de resistir y construir. (…)
Por ejemplo: Las inmobiliarias y el ayuntamiento están decididos a destruir lo que queda de nuestro viejo barrio.
Nace una asamblea vecinal, y luego otra, y un día nos encontramos ocupando la calle junto a un montón de vecinos
que apenas conocíamos. Participamos como uno más, intervenimos mostrando nuestro punto de vista, preparamos
encuentros, creamos redes, organizamos agitaciones callejeras, discutimos el curso a seguir... y además tratamos de
evidenciar las conexiones menos evidentes, las implicaciones más profundas del problema del cual tomamos parte, y
el valor trascendente de esta acción colectiva. Entre otras cosas, buscamos extender el movimiento dándolo a
conocer, comunicándolo. Siendo capaces de actuar, participar, intervenir en la realidad dando lo mejor de nosotros
mismos. Y continuando con nuestro ejemplo, allí decimos: ‘la especulación inmobiliaria y la destrucción de este barrio
expresan a su manera el viejo antagonismo entre explotados y explotadores, entre dirigentes y dirigidos... este
conflicto es una expresión concreta, inmediata, de ese antagonismo de fondo... así que: si para frenar a los
despiadados especuladores actuales exigimos que se hagan cargo del negocio otros especuladores, unos no tan
malos, unos con responsabilidad social... si hacemos eso, sólo estaremos cambiando los términos del problema, sin
solucionarlo: reaparecerá de nuevo con otra cara’. No estamos diciendo que no luchemos contra la especulación,
estamos tratando de darle sentido a esa lucha dentro de un cuadro más amplio.
Esto no es una simple hipótesis: tal crisis ocurrió (hace no mucho tiempo), tales vecinos nos organizamos y
luchamos para impedir la destrucción del barrio, y tal discurso fue el que algunos de nosotros agitamos mientras se
sucedían reuniones, protestas y hasta las inevitables negociaciones. Participamos, pero también queríamos mostrar
que ese conflicto, como todos los conflictos parciales, expresaba la relación social capitalista, y aunque lográsemos
solucionar el conflicto parcial, la única solución para que esto no vuelva a suceder es abolir esa relación social en
general. Y esta posición no nos priva de los elementos teóricos que nos permiten agitar, en cada conflicto parcial, la
perspectiva revolucionaria en tanto visión del mundo, de la historia, del devenir de la especie humana. Esta visión no
es ni "abstracta" ni "ideologizada", sino que resulta de una constatación práctica cotidiana, de experimentar
directamente las relaciones sociales alienadas y de reconocer en esas mismas relaciones los elementos para su
superación práctica, en el sentido comunista.
Hacer explícita la cosmovisión comunista implica referirnos a tendencias históricas, a momentos ejemplares, y a todo
un campo de realidad que trasciende el espacio-tiempo particular de cada conflicto. Por eso hablamos de
antagonismo proletariado/burguesía, por eso insistimos en abandonar la consigna "anti-golpista" en la cuestión
reciente de Honduras y agitar en favor de la lucha de clases, poniendo de un lado al proletariado y del otro a la
burguesía, la democrática y la golpista.
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Se recomienda el sitio web de Comunización para hallar las traducciones de importantes textos desconocidos hasta ahora en
español: www.comunizacion.klinamen.org
Dicho sitio -como esta publicación- no coincide con todos los grupos que hoy se reclaman por la comunización. Si bien la
"corriente comunizadora" no es homogénea y por lo tanto no hay una definición única (y quizás nunca la haya), desde aquí
podemos aportar que es irrealizable la propuesta de algunos partidarios de ella de "comenzar a vivir el comunismo" en los
espacios que se piensan a sí mismos como aislados de la sociedad mercantil y estatal. Para nosotros no hay un afuera del
Estado, ni un afuera del capitalismo en la sociedad actual. Y como no tenemos la ilusión ridícula de cambiar el mundo de la noche
a la mañana, tampoco proponemos un cambio progresivo en el que no habrá necesidad insurreccional y momento de abolición
por la fuerza del Estado, las relaciones capitalistas y la ideología dominante.
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