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Esta publicación no es ni más ni menos importante que otras publicaciones, libros o hasta panfletos, que afirman el
mismo contenido. Cada una de nuestras expresiones para auto-suprimirnos como clase, y con ello la supresión de
todo Estado y forma de explotación y/o dominación, no sólo expresan diferentes intensidades de lucha, sino que
también responden a diversas necesidades de esas luchas.
En la próxima entrega de los Cuadernos de Negación, el nro.4, nos extenderemos en estas hojas para comprender la
función del Estado. De la misma manera, éste número de los Cuadernos amplía la perspectiva respecto a la relación
forzada que impone la producción capitalista. En el capitalismo, el trabajo asalariado es inseparable del antagonismo
que existe entre las clases sociales. Los trabajadores somos una mercancía más y nuestra vida poco valor tiene, o lo
que es peor, su valor se determina cuantitativamente, como en la proyección productiva vital de una persona que se
realiza en el caso de los seguros de vida: mientras más probabilidades de producir tiene la persona, mayor es la cifra
asegurada. Es decir: igual de horroroso que el no-valor de la vida, es el valor de la misma en los términos
mercantiles que impone esta sociedad. Hablamos del comienzo de la comunidad humana, esa comunidad que es
una ruptura violenta de ese conjunto de normas, reglas y estructuras que mantienen esta sociedad y sus relaciones
sociales forzosas.
Esto lo decimos pues si nuestros textos abordan parcialidades nunca lo haremos como el ejercicio aislado y
taxonómico del académico o del medico forense, sino para facilitar la comprensión del conjunto social que significa el
sistema de dominación capitalista. Éste se expresa como la forma en que nuestra vida ha de transcurrir, llegando a
un presente donde todo acontecer parece establecido de antemano para la convivencia efectiva de un conjunto
humano cada vez más abstracto y parecido a lo que produce-consume.
Nuestra realidad no es tal, sentimos hambre e insatisfacción -así como rabia y alegría- no por una condición única y
particular, sino como parte de una sociedad. Esa serie de relaciones que nos someten continuamente -por las
buenas o por las malas, conciente e “inconcientemente”- es lo que necesitamos comprender si pretendemos impulsar
una vida que nos permita resolver nuestra convivencia con el mundo a partir de cómo deseemos y necesitemos
relacionarnos, y no como conviene a la estructura social del Capital.
Por lo mismo, resulta absurdo que a algunos pueda estorbar el Estado como ente aislado, sin comprender cuál es su
función social. Quienes así piensan tienen en definitiva como única perspectiva, o mejor dicho como ilusión posible
autogestionar lo existente (el intercambio de valor, el trabajo asalariado) y siendo así, poco importa si se lo proponen
hacerlo sectariamente o “junto al pueblo”. El problema no es para ellos la existencia de mercancía sino cómo
repartirla, el problema no es el trabajo asalariado sino cómo mejorarlo.
No queremos presentar el proyecto de gestionar este modo de no-vida mercantil sin Estado. El problema de la
revolución no es quién gestione las empresas, por más colectivo y autogestionado que sea el emprendimiento, sino
acabar con la empresa como unidad de valorización del capital, con su inevitable explotación y competencia.
Hay que expresarse sin miedos y sin vueltas: el trabajo asalariado es la columna vertebral del sistema capitalista y la
mercancía es el corazón de un mundo sin corazón.

BUSCANDO LA RAÍZ DE LA “RADICALIDAD”
En la necesidad de ir a la raíz de nuestros problemas, es que
comprendemos al trabajo asalariado y la mercancía como temas
centrales de estos cuadernos. Ya que al comprender los problemas
desde la raíz, también la actividad y las soluciones se comprenden
desde la raíz, para abandonar de una vez por todas todo análisis
parcial e ir en busca de la comprensión de la totalidad que contiene a
cada tema. Para abandonar tambien toda tentativa de soluciones
parciales, lo que se traduce en entrar en la lógica que nos imponen.
Es imposible que haya comida y espacio para todos dentro del
capitalismo porque va contra su esencia y su desarrollo, sin embargo
casi todos los “opositores” de este sistema lo siguen buscando, y
terminan por acabar con una expresión de lucha real mediante su
parcialización. Es así que terminan también, por liquidarnos como
clase con la creación de movimientos específicos (obrerismo,
feminismo, anti-racismo, ecologismo, por la vivienda, etc.) tendientes
a disminuir o resolver los problemas por separado, pretendiendo
tener luchas “políticas” por un lado y “económicas” por el otro, sin
poder por lo tanto atacar su causa común, su raíz.
No es nuestra intención presentarnos como radicales, como sinónimo
de extremistas, para auto-complacernos, auto-referenciarnos y
ocupar un lugar en el miserable escenario del análisis político más o
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