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Advertencia sobre las citas:
Como en todos los casos en que publicamos citas, textos, panfletos o fragmentos de otros grupos o
personas, dicha inclusión no implica en absoluto una reivindicación acrítica de los mismos, sin
importar a quién pertenecieron esas palabras, los militantes que las escribieron o las organizaciones
de las que formaron parte. Constituiría una fantasía el pretender que un individuo, en un momento
dado, haya podido afirmar todo el proyecto de la revolución, y que en plena sociedad capitalista no
podamos estar influenciados, al menos mínimamente, por la ideología burguesa.
Así tampoco se intenta dar un respaldo de autoridad a las citas publicando quién las ha firmado.
Las gráficas utilizadas al interior de este número fueron realizadas por: Gerd Arntz (1900-1988)

PRESENTACIÓN a este tercer cuaderno
En este número 3 de los Cuadernos de Negación desarrollaremos una breve crítica al sistema del trabajo
asalariado, la mercancía y el valor, es decir: la sociedad mercantil generalizada. En este conjunto de apuntes se
intenta abordar temas complejos -y sin embargo constantes- en el sistema de dominación que vivimos. Al ser temas
constantes, el material que las corrientes revolucionarias (núcleos, grupos, organizaciones, individuos, etc.) han
desarrollado es amplio, y a ellos se puede recurrir para ampliar, para profundizar. No intentamos hacer revisionismo,
sino generar y reproducir un material que permita “actualizar” nuestras posiciones. En este emprendimiento
decidimos hacerlo de forma breve, asumiendo la continuidad de ese movimiento e intentando aportar entre tanta
abundancia de consignas que no se hacen cargo de la época que nos contiene, y menos aún del contenido de las
frases.
Queremos compartir aquí con otros proletarios nuestras reflexiones, para comenzar a desarrollar una mejor y más
acertada crítica, no sólo teóricamente, sino tambien en la práctica. Y decimos “nuestras reflexiones” ya que no nos
pertenecen, son posiciones históricas e invariantes de nuestra clase. Que repetimos: no es un grupo identitario más,
se es proletario por las relaciones sociales que impone el capital, no se elige serlo. Encerrados en una visión de
“tribu urbana” o de diferentes identidades adquiridas para sentirse especial, se olvida que en este mundo capitalista
no todo se elige como en un supermercado. Tampoco idealizamos un proletariado libre de contradicciones, aislado y
estático; sino que es justamente en su antagonismo y en su movimiento que éste desarrolla su potencia y su
organicidad, y para que esto suceda es necesario criticar sus brutales límites e ilusiones ideológicas, para llegar a su
propia extinción como clase junto a la sociedad que lo ha engendrado...
Ya que estamos en lucha por auto-emanciparnos -con los medios que tenemos a nuestro alcance- compartimos ese
desarrollo con otros proletarios, insistiendo en que no tenemos nada que venderle a nuestros hermanos de clase,
nada con qué seducirlos. No somos un grupúsculo compitiendo en prestigio e influencia con los demás grupúsculos y
partidos que dicen representar a la clase obrera, y que pretenden gobernarla.
Y como la revolución no es una guerra de ideas, en la que exista una batalla a ganarse mejorando la difusión y
discusión de nuestros ideales, reafirmamos que no se trata de “educar” el prójimo, así como tampoco significa, por la
contraria, tratarlo como nuestro maestro. No buscamos organizar a otros proletarios, buscamos organizarnos juntos.
Si como clase aún nos mantenemos generalmente en la conformidad, y particularmente -en menores casos- cuando
se va a la lucha, se lo hace empantanados en prácticas reformistas, no es porque aún no se conozcan “nuestras”
ideas revolucionarias, sino porque la vida cotidiana de los proletarios es aún conformista en general y/o
particularmente reformista a la hora de luchar. Para que las ideas revolucionarias se concreten mediante su
ejecución práctica deben entrar en tensión las ideas, pero también esas ideas con la vida cotidiana. ¿O acaso
creemos que podemos hacerle frente a la alienación reinante sólo con nuestra propaganda, tanto práctica como
escrita? ¿O acaso creemos que un cambio revolucionario real para nuestra clase solamente depende de los
grupúsculos o individuos “concientes”? ¿Seguimos
pensando que “los revolucionarios”, “los agitadores”,
“los militantes”, “los activistas” deben llevar la Verdad
a las masas y despertarlas para finalmente liberarlas?
¿Nosotros ya somos libres porque “somos
revolucionarios” y tan solo nos queda liberar al resto?
Claro que no. Afirmar esto sería buscar la imposible
salida individual; o erigirse como jefe de masas
cuando se quiera aplicar a lo social, ya sea tanto
desde una posición moralista cercana a la autoridad
de la religión -y encadenada a la fe ideológica- como
desde una estructura de control social como un
partido político.
La vieja ilusión de que “el cambiar las condiciones
existentes sólo depende de los buenos ideales de las
personas” se recicla constantemente…
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