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Y si bien hoy en día existe muy poca receptividad social a la cosmovisión comunista, que aún así la agitemos no nos
convierte en parias aislados de la vida colectiva. Es horrible que por decir estas cosas se nos diga que pertenecemos
a un círculo de amigos salidos de un recinto psiquiátrico o una secta religiosa. Es horrible, pero también es muy
revelador acerca del desprecio arrogante que anima a los militantes profesionales: unos simples obreros, unas
simples mujeres que trabajan en su hogar, unos simples hijos de vecino, han sido siempre mucho más comprensivos
y despiertos que ellos hacia nuestros puntos de vista.
No hay forma de no estar en este mundo, de oponerse a este mundo desde afuera. Tampoco es posible transformar
el mundo sin situarse en oposición a él, de eso se trata el movimiento dialéctico de negación y superación. Nosotros
estamos en el mundo, y actuando como actuamos y diciendo lo que decimos intentamos transformarlo.
El desprecio que nos escupen los profesionales de la revolución lo tenemos bien merecido”
Luchando por los intereses históricos de nuestra clase -a sabiendas o no-, aún cuando estos intereses son parciales,
es que los proletarios comenzamos a reconocernos como seres humanos (con nuestras capacidades y
posibilidades), y es en la generalización de esas luchas, ya no sólo de carácter individual, sino social, que ponemos
en jaque a toda la organización social que nos destruye, nos oprime y nos deprime.

"La revolución radical no es un sueño utópico... Tampoco lo es la emancipación humana en general.
Sí lo es en cambio una revolución parcial, meramente política, revolución que deja intactos los pilares
de la casa."
(Karl Marx, "Crítica de la filosofía del Derecho de Hegel")

Fe de erratas: Aunque no era nuestra intención remarcar aquellos fragmentos. En el número anterior por un error técnico
todas las palabras en cursiva del texto salieron en negrita.

CONTRA LA SOCIEDAD
MERCANTIL GENERALIZADA
Si hoy respirar, alimentarse, abrigarse, divertirse o buscar amor
está condicionado por la necesidad de la comercialización, no
significa que siempre fue así o que deba seguir siéndolo.
Hoy toda relación social lleva el sello de la mercancía, ésta ha
ocupado la totalidad de la vida social. Incluso los seres humanos
nos vemos unos a otros como mercancías.
“Los hechos aparentemente más normales: que cada cual
no disponga más que de su fuerza de trabajo, que, para
vivir, deba venderla a una empresa, que todo sea
mercancía, que las relaciones sociales giren alrededor del
cambio, todo esto no es de hecho más que el resultado de
un proceso violento y prolongado.
Hoy la sociedad, por su enseñanza, su vida ideológica y
política, enmascara las relaciones de fuerza y la violencia
pasada y presente sobre la que se ha establecido esta
situación. Disimula a la vez su origen y el mecanismo de
su funcionamiento. Todo aparece como el resultado de un
contrato libre en que el individuo, portador y vendedor de
su fuerza de trabajo, encuentra la empresa. La existencia
de la mercancía es presentada como el fenómeno más
cómodo y natural posible.”
(Jean Barrot. “Capitalismo y Comunismo”)

El capitalismo, como relación social y no sólo como concepto, es la sociedad mercantil generalizada, una sociedad
en la que toda la producción es producción de mercancías, y el consumo se limita al consumo de
mercancías, una sociedad donde todo es producido para el cambio. Pero esto no es inevitable… esta es la forma
capitalista de hacer las cosas, pero no es la única. Es el capitalismo en definitiva: la dictadura totalitaria y
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