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Los inhalables, como si fueran drogas de diseño
Una de las rarezas de los inhalables es que jamás se pensó
en que estarían destinados al consumo humano, pero por
sus características de absorción, acción y adicción, parecen
auténticas drogas de diseño.
Eso, más el hecho de que su posesión es legal y se encuentran en productos de fácil acceso, los convierte en drogas con
características muy particulares, escribe Silvia Cruz, especialista del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados
(Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional.
Los inhalables son, por otra parte, los enervantes menos
estudiados. Se podría reunir una biblioteca con la investigación farmacológica sobre la marihuana, la cocaína o la heroína,
pero de los solventes apenas se completaría un tomo.
La escasez de información científica, el crecimiento de
su consumo a fines de los ochenta y principios de los noventa y la evidencia del daño causado despertaron el interés
de las autoridades de ese entonces, por lo que dedicaron
algunos recursos a su investigación y fue así como Cruz
arribó al tema.
Hoy es pionera de su estudio en México y el mundo, donde
apenas una docena de científicos de alto nivel se ocupan del
tema a pesar de que el abuso de estas sustancias no es exclusivo de poblaciones marginadas ni de naciones pobres.
Si bien la práctica es frecuente entre niños y jóvenes
en situación de calle en países como México, India, Egipto y
Camboya, por ejemplo, también se ha observado en personas
de todos los estratos socioeconómicos en Estados Unidos,
Rusia, Reino Unido, Israel, Canadá y Australia, apunta Cruz

| EMEEQUIS | 08 de octubre de 2012

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Alejandra es delgada como si sólo tuviera una capa de barniz de
piel sobre su esqueleto. A sus 16, ya acumula cuatro años en la
calle. Huyó de un padrastro abusador y una madre celosa de su
hija.
–¿Trabajas por aquí?
–Sí, yo sí me prostituyo en las áreas verdes. De dos carros
que se paran saco 500 pesos... Incluye servicio completo y los
besos se cobran aparte. No me gustan los viejos.
–¿Y qué haces con el dinero?
–Mi comida y mi activo. Antes me compraba unos litros,
ahora de 20 pesos y así. Yo voy a Tepito y me gusta comer caldo
de camarón, pollo en salsa verde y sándwich. Y charco y charco
y charco.

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A Lalo lo conocimos en 2010. Entonces vivía en el cuarto patio de la correccional de San Fernando, el centro de internación
para menores ubicado al sur de la Ciudad de México. Llegó por
robo y, de entre los jóvenes acusados de múltiples asesinatos o
secuestros, Lalo era blando como una estopa. Aún sobrio, era
incapaz de entender siquiera por qué los demás lo maltrataban
todo el tiempo.
Dos años después, luce más delgado, más sucio y muestra
más cicatrices. Su cara está cruzada por dos raspones diagonales ganados, cuenta él, por defender a su novia Olga cuando era
golpeada por otro habitante. Ella dice que la policía lo aporreó
en la estación Hidalgo del Metro por brincar el torniquete.

en su artículo “El Abuso de inhalables: problema creciente
de salud pública. Avance y perspectiva”, publicado en la Revista Digital del Cinvestav.
¿Qué dinámica ha tenido ese grupo en México?
A partir de la última Encuesta Nacional de Adicciones,
realizada en 2008, el Instituto Nacional de Psiquiatría pinta
el escenario reproducido por Silvia Cruz:
• En México, medio millón de personas entre 12 y 65 años
de edad ha usado inhalables alguna vez en la vida con fines
de intoxicación.
• Los inhalables son la principal droga ilícita consumida
antes de los 14 años.
• Uno de cada 10 estudiantes de escuelas secundarias y
preparatorias dijo haber usado inhalables alguna vez, según
la Encuesta de Escuelas del DF y Zona Conurbada 2009.
• Después del alcohol y el tabaco, los inhalables son las
drogas preferidas por las mujeres con educación media (10
por ciento), incluso por arriba de la marihuana (8.8); mientras
que en los hombres es al revés: prefieren la marihuana (14
por ciento) y después los inhalables (10.8 por ciento).
Algunas proyecciones estiman que dentro de tres o cuatro
años los solventes podrían convertirse en la primera droga de
abuso entre los usuarios más jóvenes.
Esta perspectiva resulta especialmente desalentadora,
pues Silvia Cruz subraya en entrevista que la estructura cerebral de niños y adolescentes es más susceptible de desarrollar
adicciones, a la vez que la devastación cognitiva ocurre en
Lalo sopla con vigor el paño remojado con activo y luego jala
profundamente en dos ocasiones. Esto se llama bolsazo, técnica que potencia la inhalación y reduce el oxígeno.
Aún puede hablar. Cada vez alarga más la última sílaba de
la última palabra de cada oración.
–Mi nombre es Eduardo Mora Garcíaaaa... –los puntos
suspensivos marcan el momento de inhalación–, soy chavo de
la calle, limpio parabrisaaaaas... Me quedo en las coladeras,
me quedo aquíííí, en las casitaaas y junto para comeeeeeeeer y
junto para bañarmeeeeee y mi chava se llama Olgaaaaaa y mi
mamá vive aquí en La Razaaaaaaa... Y soy de la calleeeeeee y ya
viene mi cumpleaños, el 20 de agosto, cumplo 20 añooooooos...
Y ya también estuve en el Reclusorio Norteeeeeee, porque madreé a una chavaaaaaaaaa...
–¿Y por qué saliste de tu casa?
–Porque me pegaba gachooooo... Yo le meto al activo, la
verdaaaaad, y a la motaaaa y me gusta andar charoleandoooooo –mendigando–... Mi nombre es Lalooooo... Yo siempre
he estado en la calle sufriendoooooo.
–¿Qué es lo que más has sufrido?
–Que me humilleeeeee... la genteeeeee... Que me suban el
vidriooooo, que me digan “no vales ni madreeeeees”. Y ya es
todoooooo”.
Lalo se lleva una vez más el trapo a la boca y ahora sí se va.
Ahí está su cuerpo, pero sólo eso. No sube a un avión: se teletransporta a otro planeta.

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Olga dirige los ojos hacia arriba, cruza los brazos y sólo los