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Juan Domingo Perón

Modelo Argentino para el Proyecto Nacional

Todas las fuerzas políticas necesitan de la acción armónica de quienes conciben la doctrina, de los que la predican y de los que habrán de ejecutarla.
La doctrina de cada partido debe ser predicada y no solamemente enseñada. Ello significa que hay que hacerla conocer, comprender y sentir.
Pero todo partido político, para que ejerza una acción eficiente, requiere
no solamente del valor numérico de sus integrantes, sino también de una
base ideológica explícitamente establecida. Tal aspecto podrá evidenciarse a
través de una clara plataforma política, que no será otra que lo que el partido
conciba como Proyecto Nacional.
Ésta es, a mi juicio, la forma en que cada partido político debe concebir
los medios para lograr los objetivos en los diferentes campos del quehacer
nacional.

aspiran, de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales. Se requiere la presencia activa de los trabajadores en todos los niveles.
Ello exige actualización y capacitación intensas, y además, que la idea
constituya el medio esencial que supere todos los instrumentos de lucha.
Las organizaciones sindicales no valen sólo por la cantidad de componentes que agrupan, sino también por los dirigentes capacitados que las conducen. Debe procederse a la formación de líderes en todos los niveles. Esto es
fundamental para que los trabajadores cumplan con toda la responsabilidad
social que el Modelo Argentino les asigna.
La capacidad para decidir y para participar en las organizaciones de
los trabajadores forma parte de las condiciones fundamentales del dirigente gremial.
Los Derechos del Trabajador, consagrados en nuestra reforma constitucional de 1949, tienen plena vigencia e integran este Modelo. Los derechos a
trabajar, a una retribución justa, a la capacitación, a condiciones dignas de
trabajo, a la preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la
protección de su familia, al mejoramiento económico y a la defensa de los
intereses profesionales, contenidos en dicha reforma, tienen que ser completados con el derecho a la participación plena, en los ámbitos a los cuales el
trabajador sea convocado por leyes especiales, y además con el derecho de
participación en las empresas en las cuales se desenvuelve.

C) Los trabajadores
En nuestra concepción, el trabajo es un derecho y un deber, porque es
justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume. Los trabajadores
constituyen uno de los pilares del proceso de cambio.
En el momento en que teníamos que rescatar a la sociedad argentina
de una concepción liberal, los trabajadores configuraron la columna vertebral del proceso. En la comunidad a que aspiramos, la organización de los
trabajadores es condición imprescindible para la solución auténtica de los
problemas argentinos.
A partir del principio de la libre posibilidad de constituir sindicatos, el
Justicialismo siempre se sustentó en el criterio de la indivisibilidad de la clase
obrera organizada. Se requiere, en consecuencia, una sola central obrera.
El fundamento del vínculo es la solidaridad. Las organizaciones sindicales viven al impulso de esa solidaridad, que es la que da carácter permanente
y la única fuerza indestructible que la aglutina. Ello, con el claro sentido de
que, además de la solidaridad de la organización, está vigente la esencia de la
solidaridad individual de los hombres que la integran, por la sola razón de
ser trabajadores.
Los objetivos de las organizaciones de trabajadores consisten en la participación plena, la colaboración institucionalizada en la elaboración del Proyecto Nacional y su instrumentación en la tarea de desarrollo del país.
Los trabajadores tienen que organizarse para que su participación trascienda largamente la discusión de salarios y condiciones de trabajo. El país necesita
que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la comunidad a la que
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D) Los intelectuales
El mundo vive un período de extraordinaria evolución en los ámbitos
científico-tecnológico, lo que origina cambios de trascendencia, muchos de
los cuales ocurren a lo largo de la vida de un solo hombre.
La figura del intelectual constituye un verdadero seguro contra la incertidumbre y la vacilación.
El futuro debe edificarse sobre bases tanto filosóficas como eminentemente prácticas. Por ello, el intelectual debe remitirse a interpretar el cambio
y a vislumbrarlo con suficiente anticipación, así como a poner en juego la
inteligencia junto con la erudición, la ciencia social junto con la ciencia física, el mundo de las ideas junto con el de la materia y el del espíritu y la idea
junto con la creación concreta.
Eso hace necesaria la presencia activa del intelectual en todas las manifestaciones de la vida. Pasó la época en que podía admitirse la carencia o la
evasión de talentos.
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