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Juan Domingo Perón

Modelo Argentino para el Proyecto Nacional

Desde el punto de vista del beneficio empresario, el mismo debe guardar
estrecha relación con la aspiración de trasladar a la comunidad los frutos del
progreso, a través del sistema de precios. Esto implica la necesidad de establecer las formas de producción y comercialización que sean intrínsecamente
más aptas para funcionar dentro del Modelo requerido. La sociedad deberá
decidir sobre ello, considerando separadamente  cada actividad de desarrollo.

La ruta que debemos recorrer activamente es la misma que definen las
Escrituras: un camino de fe, de amor y de justicia, para un hombre argentino
cada vez más sediento de verdad.

F) La Iglesia
Existe una cabal coincidencia entre nuestra concepción del hombre y del
mundo, así como de la justicia social y los principios esenciales de la Iglesia.
Ya en otra oportunidad busqué ofrecer una visión espiritual y trascendente del hombre y de su puesto peculiar en la historia y la realidad.
Un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios y realizando su existencia como sujeto histórico que desempeña en el mundo una misión espiritual
única entre los seres de la Creación. Tal hombre, realizado en la comunidad,
está lejos de concretar fines egoístas o burdamente materiales, pues, como ya
lo sabían los griegos, no hay equilibrio posible en una comunidad en la que
el alma de sus hombres ha perdido una armonía espiritual.
En este sentido, no sólo los principios filosóficos guardan plena coherencia: la
Iglesia y el Justicialismo instauran una misma ética, el fundamento de una moral
común y una idéntica prédica por la paz y el amor entre los hombres.
No vacilo en afirmar que toda configuración sociopolítica, tanto nacional
como mundial, supone, además de una clara exigencia nacional, una sólida fe
superior, que impregne de sentido trascendente los logros humanos.
Si en las realizaciones históricas dependemos de nuestra propia creatividad y de nuestro propio esfuerzo, el sentido último de toda la obra estará
cimentado siempre sobre los valores permanentes.
No pretendo evaluar integralmente la concepción de la Iglesia conforme a los
propósitos de un modelo temporal como es el Modelo Argentino. Pero estoy seguro, eso sí, de que el llamamiento de las cartas encíclicas, las constituciones pastorales y las cartas apostólicas –particularmente las más recientes– constituyen
para nosotros un aporte claro y profundo. Pienso que, en este terreno, el Modelo
Argentino sólo necesita que ese mensaje sea adoptado eficientemente.
Presento un Modelo Nacional, Social y Cristiano.
Al núcleo trascendente del hombre argentino va esta propuesta: es hora
de superar una visión materialista que amenaza aturdir al ciudadano con
incitaciones sensoriales que dispersan su vida interior.

G) Las Fuerzas Armadas
Pienso que el mundo del futuro tiene una sola posibilidad para poder
realizarse: adoptar la concepción universalista, es decir, concebirse totalmente integrado. Para ello, es imprescindible que las naciones ingresen decididamente por el camino de la paz.
Sin embargo, la organización del mundo según la concepción universalista no implica la desaparición de fricciones y discrepancias en el nuevo
orden internacional, especialmente durante la etapa de gestación de ese nuevo mundo. Tampoco excluye totalmente la posibilidad de que se produzcan
conflictos bélicos, a través de los cuales determinados grupos, especialmente
los económicos, pretenderán satisfacer sus propios intereses.
Es más, la marcha hacia el universalismo en sus sucesivas etapas (nacional, regional y continental) se caracterizará por la lucha que desarrollarán las naciones para independizarse de los imperialismos que las
mantienen oprimidas.
El Modelo Argentino define claramente el estilo nacional que deberá
identificar a la República en el futuro y, además, establece los grandes objetivos que deberán alcanzarse para lograr su total liberación.
Tal circunstancia implica que las Fuerzas Armadas, adecuadamente reorganizadas con base en una real potencia de la Nación y en las verdaderas exigencias de la Defensa Nacional, se apresten a respaldar firmemente la transformación que marca la República. Transformación que, por otra parte, no
es más que la materialización del deseo manifestado por el pueblo argentino
de eliminar definitivamente las formas de opresión de distinta naturaleza
que durante decenios ejerció el imperialismo para detener, en beneficio propio, el desarrollo nacional.
A fin de enmarcar con precisión las misiones que cumplirán las Instituciones Armadas, deberá tenerse particularmente en cuenta que no sólo se
limitarán a prepararse para el desarrollo específicamente militar, sino que
participarán decididamente en el proceso de liberación nacional, contra toda forma de imperialismo interno o externo.
Dicha intervención se concretará mediante actividades de apoyo a la comunidad y acciones de tipo educativo que se dirigirán especialmente sobre el perso-

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