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Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
He expuesto nuestro Modelo Argentino en términos de transformación
de la comunidad nacional, deseando que sirva a nuestra Patria como nación
autónoma y plena.
Pero la Argentina opera dentro de la sociedad mundial y esto no es incompatible con su independencia esencial. Veo con claridad que la sociedad
mundial se orienta hacia un universalismo que, en un futuro relativamente
cercano, nos puede conducir hacia formas integradas en el orden político
tanto como en el económico y social.
Estamos en la aurora de un nuevo Renacimiento, pero seríamos muy ingenuos si confiáramos en que tal renacimiento resultará un producto espontáneo de la historia del mundo. Como partimos de una etapa en la cual las
determinaciones políticas básicas se dan en el nivel de los pueblos organizados en Estados, la unión que conduzca al universalismo sólo puede provenir
de los pueblos mismos antes que de decisiones arbitrarias. La experiencia
histórica así lo enseña.
Los grandes problemas mundiales que se vislumbran en función de un
panorama histórico general, pueden agruparse de la siguiente manera:
a) La superpoblación en relación con las disponibilidades de recursos dominantes, especialmente alimentos.
b) El agotamiento de recursos naturales no reproducibles.
c) La preservación del ámbito ecológico.
Tales problemas pueden tener solución adecuada si se comprende que el
universalismo no puede reducirse al ámbito de la concepción teórica, sino
que debe hacerse efectivo a través de un proceso integral que comprometa a
toda la humanidad.
Creo que en esta línea de pensamiento se instala la Carta Pastoral Gaudium et
Spes cuando afirma que “el género humano puede y debe no sólo perfeccionar su
dominio sobre las cosas creadas, sino que le corresponde además establecer un orden político, económico y social que esté más al servicio del hombre y le permita
a cada uno y a su grupo afirmar y cultivar su propia dignidad”.
El itinerario está trazado; debemos prepararnos para recorrerlo. Difícil y
sutil tarea es ésta para los hombres del futuro: significa lograr una integración que no consista en una nueva manifestación enmascarada de imperialismo y compatibilizar el universalismo con la indispensable preservación de
la identidad de los pueblos. Así como sostuve que una auténtica comunidad
organizada no puede realizarse si no se realiza plenamente cada uno de sus
ciudadanos, pienso que es imposible concebir una integración mundial armónica sobre la base de una nivelación indiscriminada que despersonalice a
los pueblos y enajene su verdad histórica.
Para nosotros, los argentinos, esta ardua labor nos exige robustecer desde
ya una profunda cultura nacional, como único camino para consolidar el ser
nacional y preservar su unidad en las etapas que se avecinan.
La liberación en todos los terrenos es insoslayable requisito para ingresar en
el proceso universalista. Resulta así que para constituir al mundo como un ente
orgánicamente integrado, es necesario liberarse de dominadores particulares.
Paralelamente, deben considerarse dos etapas esenciales, a las que me
he referido en innumerables oportunidades: la del Continentalismo y la del
Tercer Mundo.
La etapa del continentalismo constituye una transición necesaria.
Los países han de unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin pequeños imperialismos locales. Ésta es la concepción general con
respecto a los continentes, y especialmente la concepción de Argentina para
Latinoamérica: justa, abierta, generosa y, sobre todas las cosas, sincera.
Debemos actuar unidos para estructurar a Latinoamérica dentro del concepto de comunidad organizada, y es preciso contribuir al proceso con toda
la visión, la perseverancia y el tesón que hagan falta.
Tenemos que asumir el principio básico de que “Latinoamérica es de los
latinoamericanos”.
Quiero reafirmar con énfasis que nuestra proposición no es agresiva: simplemente recoge la enseñanza de la historia y la proyecta hacia el futuro, incorporando la constructiva cooperación estrecha con todos los países.
Para cumplir plenamente con el programa universalista, debemos tener
real independencia de decisiones, y ello requiere una Latinoamérica con individualidad propia. Como latinoamericanos, atesoramos una historia tras
de nosotros: el futuro no nos perdonaría haberla traicionado.
No cabe duda que el Tercer Mundo debería conformarse como una extensa y generosa comunidad organizada. El Modelo Argentino incorpora y
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Tercera parte
Conclusiones y aperturas
1. Argentina en la comunidad mundial
