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Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
sintetiza nuestra “Tercera Posición”, pero no puede dejar de reconocer que
“Tercer Mundo” y “Tercera Posición” no significan lo mismo.
La Tercera Posición es una concepción filosófica y política. No todos los
países que integran el Tercer Mundo participan necesariamente de ella. Es
prudente admitir, en consecuencia, que la fortaleza del Tercer Mundo ha de
residir precisamente en la sólida configuración de un movimiento que respete la pluralidad ideológica, siempre que conserve el denominador común
de la liberación.
Por otra parte, existen como factores aglutinantes la comunidad de propósitos, la vocación mundial auténtica y el hecho de que nuestros países alberguen grandes reservas de recursos naturales no reproducibles.
No se trata de promover una suerte de revancha histórica. Sólo de usar
positiva y creativamente los recursos que la historia ha puesto en los países
del Tercer Mundo, como condiciones básicas de la sociedad mundial universalista que nosotros queremos.
La configuración del Tercer Mundo no ha de realizarse por generación
espontánea. Por el contrario, debe surgir de un proceso deliberado y consciente y, por lo tanto, programado. Su realización requiere toda la eficiencia
necesaria para que la comunidad del Tercer Mundo quede al abrigo de oposiciones disolventes, tanto internas como externas.
La experiencia nos indica que un Tercer Mundo vinculado sólo a través
de lo sociopolítico será inevitablemente débil en su conformación, mientras
que, si actúa en profundidad con vínculos económicos bien definidos, habrá
de gestar su propia importancia económica.
Desde el punto de vista geopolítico, se trata de lograr un nivel aceptable de
coincidencias entre todos los países que se hallan en la franja industrial del hemisferio norte, con las inevitables excepciones. Estoy pensando en América latina, África, Medio Oriente y Asia, sin distinción ideológica.
Los intentos de aproximación internacional han surgido, generalmente,
a partir de problemas concretos y sin una previa visión universalista. En este
sentido, no respondieron a las auténticas necesidades de los pueblos, sino a
los intereses particulares de los grandes grupos de poder. Es preciso ahora revertir el proceso, labrando a la luz de la voluntad de los pueblos los procesos
que habrán de contribuir a la futura comunidad mundial.
El hombre es el único ser de la Creación que necesita “habitar” para realizar acabadamente su esencia. El animal construye una guarida transitoria,
pero aquél instaura una morada en la tierra: ésa es la Patria.
Es mi deseo que nadie bastardee la palabra “Patria”, convirtiéndola en
un rótulo vacío. Nuestros heroicos próceres no necesitaron desgastarla para
comprender que alude a esa profunda morada que, recíprocamente, habita
en el corazón de cada uno de los hombres.
El universalismo constituye un horizonte que ya se vislumbra, y no hay
contradicción alguna en afirmar que la posibilidad de sumarnos a esta etapa naciente descansa en la exigencia de ser más argentinos que nunca. El
desarraigo anula al hombre y lo convierte en indefinido habitante de un
universo ajeno.
En esta etapa de mi vida, quiero como nunca para mis conciudadanos
justicia y paz: convoco, con emoción, a todos los argentinos a hundir hondas
raíces en su tierra grande y generosa, como único camino esencial para florecer en el mundo.
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