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Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
En la democracia que deseamos no existirá incompatibilidad alguna entre la permanente actualización de la libertad individual y una imprescindible planificación con adecuados recaudos de flexibilidad.
Definida en estos términos la futura sociedad argentina, el mejor camino
para alcanzarla es gobernar sobre la base de una minuciosa programación.
C) La fisonomía gubernamental
Dejo a la consideración de mis conciudadanos la posibilidad de modificar
la fisonomía clásica de nuestro Gobierno, introduciendo en el mismo innovaciones que lo fortalezcan, como pueden ser, a mi juicio, las siguientes:
• La creación de un organismo como el mencionado Consejo para el Proyecto Nacional.
• La institución de un Consejo de Estado al que el Presidente de la Nación
pueda convocar para tratar asuntos de alta trascendencia que motiven su
asesoramiento.
• La incorporación de nuevos ministerios como, por ejemplo, para los ámbitos de ciencia y tecnología, y de recursos naturales y medio ambiente.
• La vigorización del federalismo, que instrumente la vigencia de la plena
participación de los grupos locales.
• La designación de un coordinador ministerial –podría ser un Primer Ministro–, que facilite al presidente de la Nación la conducción de la Administración Pública.
Todas estas cuestiones deberán ser, obviamente, instrumentadas a través de los
mecanismos legales correspondientes para que adquieran la vigencia necesaria.
En todos los casos, se trata de una comunidad que desarrolla el máximo
respeto a los derechos de las mayorías y las minorías; y que institucionalice
concretamente este respeto mediante criterios normativos que aseguren su representación.
B) Datos para la programación institucional
Los siguientes son los datos básicos para la programación institucional
que propongo:
• Se concibe al país como un verdadero sistema dentro del cual el órgano
institucional estructura en términos jurídicos el marco y establece las reglas de juego fundamentales que han de regir.
• Se pide al sistema eficiencia social mínima. Para ello, la planificación es un
instrumento; y el gobierno con planificación, un método de gobierno.
• El sistema debe funcionar con participación de todos los entes representativos de la comunidad.
La participación dentro de nuestra democracia social deberá funcionar
de una manera leal y positiva. El ciudadano se expresa como tal a través
de los partidos políticos, cuyo eficiente funcionamiento ha dado, tradicionalmente, al Honorable Congreso Nacional su capacidad de crear historia a
través del voto de las leyes.
Pero también se expresa a través de su condición de trabajador, intelectual, empresario, militar, sacerdote, etc. Como tal tiene que organizarse para
participar en otro tipo de recinto, como puede ser el Consejo para el Proyecto Nacional.
La tarea de ese Consejo debería enfocarse hacia esa obra en la cual todo el
país tiene que empeñarse: el Proyecto Nacional.
Empero, ningún partícipe del Consejo mencionado debe ser un emisario
de la posición del Poder Ejecutivo o de cualquier otra autoridad que no sea
el grupo social al que representa. Para ello, tendrá que asegurarse que cada
integrante exprese la voluntad del sector al que pertenece en forma debidamente institucionalizada.
La Democracia Social no puede ser desviada hacia alguna de las formas conocidas, ni en la estructura ni en el funcionamiento de las instituciones. Será
preciso, entonces, que sus normas jurídicas contengan los necesarios principios
fundamentales, asumiendo, además, la dimensión procesal requerida para evitar
que el objetivo fijado por la norma sea falseado en el uso concreto.
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D) El método de trabajo institucional
La Democracia Social requiere que la programación institucional sea instalada en su seno como un proceso y no como un evento transitorio, que actúe
con conceptos similares a los que rigen la planificación en los demás campos
de la actividad social integrada; que sea conducida en forma interdisciplinaria
y que los juristas que participen en la labor interdisciplinaria tengan como
objetivo programar la norma para mañana antes que el código que consolida
lo pasado; y que se hallen dispuestos a crear todas las nuevas instituciones jurídicas que la transformación requiera, sin ataduras de ninguna naturaleza.
Las normas que se establezcan tendrán que contener también un sistema
de control de su propia eficiencia, para proveer a su corrección oportuna. De lo
contrario, todo nuestro esfuerzo jurídico-institucional estaría dirigido a cristalizar lo que ya cambió. Configuraría, en tal caso, un freno al ajuste necesario y,
en cierta medida, una consolidación de valores no necesariamente deseables.
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