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Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
La propuesta que acabo de delinear debe estar abierta a la recíproca cooperación internacional, que es sin duda imprescindible.
En el futuro, será necesario arbitrar todos los recursos a nuestro alcance
para establecer una clara política mundial. Habrá que desarrollar así un conjunto de acuerdos con todos los países con los cuales podamos emprender
esfuerzos conjuntos de investigación y desarrollo, pero siempre procurando
trabajar al ritmo del más rápido.
Finalmente, determinados elementos de la problemática científico-tecnológica cuyo comportamiento se requiere asegurar y legalizar deben tener
su correspondiente inclusión en la Constitución Nacional, a fin de garantizar
el cumplimiento de los objetivos propuestos.
En la actualidad, atmósfera, suelo y agua han sufrido efectos degradantes,
transmisibles tanto al hombre como a la fauna y a la flora, mediante reacciones directas o indirectas.
Las expresiones de la degradación son múltiples y la corrección tiene que
efectuarse a través de cada uno de los factores de degradación.
Lo esencial es que el hombre mismo sea el primer defensor del medio
ambiente y que el Estado establezca los medios adecuados para lograr una
solución a los problemas que se presenten.
Considero conveniente señalar algunas premisas que es preciso tener en
cuenta para detener la marcha hacia un proceso que puede constituir el desastre de la humanidad.
Son necesarias y urgentes: una revolución mental en los hombres, especialmente en los dirigentes de los países altamente industrializados; una
modificación de las estructuras sociales y productivas en todo el mundo,
particularmente en los países de alta tecnología, donde rige la economía de
mercado; y el establecimiento de una convivencia biológica dentro de la humanidad y entre la humanidad y el resto de la naturaleza.
Esa revolución mental implica comprender que el hombre no puede
reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo
biológico general; que la tecnología es un arma de doble filo; que el llamado progreso debe tener un límite y que incluso habrá que renunciar
a algunas de las comodidades que nos ha brindado la civilización; que
la naturaleza debe ser restaurada en todo lo posible; que los recursos
naturales resultan agotables y, por lo tanto, deben ser cuidados y racio-
nalmente utilizados por el hombre; que el crecimiento de la población
debe ser planificado sin preconceptos de ninguna naturaleza; que por el
momento, más importante que planificar el crecimiento de la población
del mundo, es aumentar la producción y mejorar la distribución de alimentos y la difusión de servicios sociales como la educación y la salud
pública; y que la educación y el sano esparcimiento deberán reemplazar
el papel que los bienes y servicios superfluos desempeñan actualmente
en la vida del hombre.
Cada nación tiene el derecho al uso soberano de sus recursos naturales.
Pero, al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de exigir a sus ciudadanos el cuidado y la utilización racional de los mismos. El derecho a la
subsistencia individual impone el deber de preservar la supervivencia colectiva, ya se trate de ciudadanos o pueblos.
La modificación de las estructuras sociales y productivas en el mundo
implica que el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico
de sociedad alguna, y que la justicia social debe erigirse en la base de todo
sistema, no sólo para beneficio directo de los hombres, sino también para
aumentar la producción de alimentos y bienes necesarios; consecuentemente, las prioridades de producción de bienes y servicios deben ser alteradas en
mayor o menor grado según el país de que se trate.
En otras palabras, necesitamos nuevos modelos de producción, consumo,
organización y desarrollo tecnológico, que al mismo tiempo que den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionen
el consumo de recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación ambiental.
Necesitamos un hombre mentalmente nuevo en un mundo físicamente
nuevo. No se puede construir una nueva sociedad basada en el pleno desarrollo de la personalidad humana en un mundo viciado por la contaminación del ambiente, exhausto por el hambre y la sed, y enloquecido por
el ruido y el hacinamiento. Debemos transformar las ciudades cárceles del
presente en las ciudades jardines del futuro.
El crecimiento de la población debe ser planificado, en lo posible de inmediato, pero a través de métodos que no perjudiquen la salud humana,
según las condiciones particulares de cada país y en el marco de políticas
económicas y sociales globalmente racionales.
La lucha contra la contaminación del ambiente y la biosfera, el despilfarro de
los recursos naturales, el ruido y el hacinamiento de las ciudades y el crecimiento
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6. El ámbito ecológico
