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©Campos Fonseca, Susan. “Diálogos en Ainulindalë: sobre el problema de pensar la música y la música como pensar".
En: Revista Humanitas, Vol. 3, 2008, Pontificia Universidad Javeriana, Cali-Colombia, 2008, pp.175-195.


respecto no son muchos, pero a veces el silencio resulta más elocuente que las palabras,
cuando a determinados años en los que el pesimismo parece cundir por doquier siguen
otros en los que el optimismo abre una brecha decisiva en el devenir de Europa
occidental.”24
La idea de un “Fin del Mundo”, de un “Juicio Final”, al igual que el “Génesis”, es
una Cosmogonía, expresa la posibilidad de una visión que puede ir más allá del tiempo y
el espacio incluso dentro de un tiempo y un espacio determinados, encontrando así la
posibilidad de abrirse a otros mundos. Este espíritu esta presente también en el
Namárië25, donde la muerte se nos presenta cómo un caer en el vacío sin recuerdos ni
identidad, pero a la vez como una transformación. La materia se transforma, implicándo
la posibilidad de continuar en otro estado de conciencia, atrapado en un castigo o una
redención, y de esto nos habla el Cant de la Sibilla.
Según la especialista Maricarmen Gómez, el “primer testimonio (letra y música)”
del Cant de la Sibilla, “es el de un manuscrito de fines del siglo IX o principios del X
procedente del monasterio de San Marcial de Limoges (París, BN lat. 1154)”, cuya letra y
música fueron el resultado de una continua hibridación, hecho que nos enfrenta a cómo lo
fijado en dicho texto no implica una práctica terminada, ni que sea el único o el primero,
sino que estamos ante la manifestación de un ser-anterior-conservado.
Y lo que nos interesa de dicho ser-anterior-conservado en el Cant de la Sibilla es
su Aletheia, su verdad oculta en función de nuestra búsqueda de lo que No nos dice el
Ainulindalë, la fábula donde mito y razón nos revelan una Música como modelo
ontoteológico, que permite escuchar una música que colmando un vacío crea un tiempo y
un espacio para la visión de un mundo, y a su vez, es el silencio de la muerte de ese
mundo.
El Cant de la Sibilla inicia con el “Audi tellus, audi magni maris limbus” (¡Tierra,
escucha! ¡Franja del inmenso mar, escucha!), refrán tomado del Apocalipsis cuyas
secuencias fueron incluidas en el “in officio mortuorum”, y luego suprimidas con el
Concilio de Trento (1545-1563), conservándose solamente algunas de ellas en el Dies iræ
de la “Misa de difuntos”. Aparece entonces la música del fin, del juicio final, cuando “La
trompeta, esparciendo un sonido admirable por los sepulcros de todos los reinos reunirá a
todos los hombres ante el trono. La muerte y la Naturaleza se asombrarán, cuando
resucite la criatura para que responda ante su juez”. Estos versos del Dies iræ revelan un
oculto significado cuando los comparamos con los siguientes versos del Ainulindalë:
“Porque la Gran Música no había sido sino el desarrollo y la floración del
pensamiento en los Palacios Intemporales, y lo que habían visto, sólo una
prefiguración; pero ahora habían entrado en el principio del Tiempo, y advertían que
el Mundo había sido sólo precantado y predicho, y que ellos tenían que


























































24

GÓMEZ, Maricarmen: “La Canción de la Sibila”, Goldberg Magazine Nº 12, 2000. Disponible en:
http://www.goldbergweb.com/es/magazine/essays/2000/09/133_2.php (consultado el 2 de marzo, 2007).
25
TOLKIEN, J.R.R.: “Namárië”, separata y traducción comparada, colaboración de Helge Kåre
Fauskanger. Disponible en:http://lambenor.free.fr/ardalambion/namarie.html (consultado el 9 de julio del
2007).



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