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MARCELA SANTILLÁN NIETO

conciencia de sus propias necesidades de
aprendizaje, así como su compromiso y
participación en el proyecto educativo del
establecimiento y en las políticas nacionales
de educación. Este dominio refiere a
aquellas dimensiones del trabajo docente
que van más allá del trabajo de aula y que
involucran, primeramente, la propia relación
con su profesión, pero también, la relación
con sus pares, con el establecimiento, con la
comunidad y el sistema educativo” (Centro
de Perfeccionamiento, Experimentación e
Investigaciones Pedagógicas, 2003)
2. El caso de México.
La formación de docentes en México
ha recorrido trayectos complejos que
no siempre han derivado en avances
significativos en beneficio de una formación
docente de calidad.
Lo que la historia nos permite afi rmar es
que la formación de docentes mexicanos
ha transitado por modelos que se centran
en ciertas competencias en detrimento de
otras, dando lugar a desequilibrios notables
en la habilitación de los profesores.
En lugar de estas posturas lo que hoy
proponemos es una opción incluyente en
donde los distintos elementos señalados
por Hammond y Grossman, entre otros
autores, jueguen de manera consistente
y equilibrada a favor de la formación de
los futuros docentes mexicanos. Ello con la
finalidad de proveerles de elementos que
les permitan articular su ejercicio áulico con
la acción de actores, como los directivos,
los padres de familia y otros sujetos sociales,
constituyentes de entornos institucionales

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Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

socio-educativos potencialmente influyentes en su trabajo cotidiano.
Esta formación es una condición inicial
necesaria pero no suficiente, ya que,
como señala Barber, el sistema educativo
mexicano a nivel estructural aún debe
garantizar a los egresados de las escuelas
normales las condiciones mínimas de
transparencia que les permitan acceder al
campo laboral a partir de su competencia;
que les provean de mecanismos de ascenso
basados en desempeños evaluables y que
les acerquen a niveles de ingreso que, en
efecto impliquen el reconocimiento social
hacia su labor profesional.6
Lo anterior obliga a mejorar los programas
educativos que ofrecen las escuelas
normales para garantizar que sean los
mejores candidatos los que ingresen a estas
instituciones y que en ellas reciban la mejor
formación posible. Pero también requiere
despejar la opacidad que hasta hoy impide
conocer datos básicos sobre los profesores
en servicio, tales como su número, su
ubicación, su salario y su preparación.

Según estudios elaborados por Nieto de Pascual
Pola 2009; Santibáñez, 2002; Guevara y González
2004, “Los mecanismos actuales de promoción de los
educadores, no parecen ser eficaces para evaluar
el desempeño docente… ello sugiere que México no
tiene un sistema de evaluación adecuado para los
docentes en servicio, ni los medios para identificar
y recompensar a los docentes de excelencia. Del
mismo modo, como el sistema no tiene la capacidad
de identificar a los docentes de baja calidad,
éstos permanecen en las aulas. Situaciones que
contribuyen a mantener la opinión negativa sobre los
docentes…”Ver: OCDE. (2010). Mejorar las escuelas,
estrategias para la acción. México, México: OECD
publishing.

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